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domingo, 30 de diciembre de 2007

¿Existe el sexo de derechas? (Irina Palm)

A juzgar por el artesano trabajo de la protagonista (aliviar al personal en un sex shop) uno diría que sí, que la mano que usas sí importa. A juzgar por el desarrollo y el final de Irina Palm (2006) hay que reconocer que el punto de vista --como el tamaño-- también importa.

Si esto es así ¿acaso hay un sexo de izquierdas? Pues sí; es ese que reivindica un placer desligado de todo vínculo afectivo y social, que apuesta por una sexualidad múltiple y abierta a todas las orientaciones, y que sufre un considerable desprestigio debido --dicen sus defensores, no sus practicantes, que se limitan a practicarlo-- a la represión ejercida por la moral burguesa. Normalmente este punto de vista omite o maquilla el hecho de que esas prácticas "liberadas y auténticas" se dan en ambientes y/o entre personas con alguna incompletitud severa o altamente rara. Igual que nunca admite que la socialización tradicional no implica de forma mayoritaria una práctica sexual multiactiva (así que no la descartemos tan rápido). Shortbus (2006) sería uno de los más recientes representantes cinematográficos de sexo izquierdoso.

¿Y el sexo de derechas? En este caso sucede que después de utilizar la sexualidad de pago y los seres que la suministran como arma dramática para escandalizar o hacerse el moderno, resulta que al final uno aprende a... enamorarse de su chulo, y descubre que esas personas también tienen su corazoncito a pesar del oficio que practican. El conservadurismo sexual siempre muestra a las trabajadoras del sexo llevando una vida normal en todo, excepto en su oficio (que es coyuntural y no deseado, por supuesto). Nunca hay problemas de drogas, ni de malos tratos, ni de violencia; se asume que existen, pero nunca formando parte de las vidas de los protagonistas de la historia. Irina Palm es un ejemplo perfecto de sexo derechoso.



El arranque de Irina Palm es una versión almodovariana de El zoo d'en Pitus (1966) --un clásico de la literatura juvenil en Cataluña-- que hace concebir esperanzas de pasar un buen rato: para pagar el costoso viaje a Australia de su nieto, víctima de una terrible enfermedad, una abuela decide ganar un dinero fácil y rápido masturbando a hombres en un curioso artilugio de origen japonés semejante a una tragaperras. Si no fuera por la plúmbea y omnipresente banda sonora --machacante hasta en el trailer-- y por el detalle de que nunca queda de lado el drama del nieto podría uno reír sin miedo. Pero su objetivo es muy diferente: pretende aleccionar y poner al descubierto nuestros prejuicios hacia ciertas actividades relacionadas con el sexo, establecer contrastes entre la moral pacata y provinciana del entorno social de la abuela y el absurdo ataque de integrismo moral que le coge a su hijo cuando descubre el pastel. La cosa es que ni como drama ni como comedia Irina Palm es capaz de despegar.

Está claro que no es un tema fácil, pero tampoco mejora el conjunto semejante acumulación de tópicos y arquetipos: la prostituta amable, el chulo sensible, la nuera malcarada y sin embargo comprensiva, el pobrecito nieto, las vecinas cacatúas... Todo para construir un filme raro que apenas levanta una carcajada y desde luego no conmueve. Lo único destacable: la interpretación de Marianne Faithfull. Aunque si no eres un ultrafan suyo mejor no vayas a verla.

lunes, 17 de diciembre de 2007

Los Goyas

Después de un patético intento de aligerar una gala plúmbea por definición (vía eliminación del premio a la mejor película europea, que sí ha colado, y eliminación del premio al mejor cortometraje, que no ha colado), ya están aquí los nominados a los Goya correspondientes al año 2007 y cuya ceremonia de entrega se celebrará en el 2008 (para que no quede duda). Como siempre, marco en cursiva mi apuesta, y luego con un asterisco la ganadora:

Mejor película
El orfanato
Las trece rosas
La soledad*
Siete mesas de billar francés

Mejor director

Icíar Bollaín (Mataharis)
Emilio Martínez Lázaro (Las trece rosas)
Gracia Querejeta (Siete mesas de billar francés)
Jaime Rosales (La soledad)*

Mejor actor

Alfredo Landa (Luz de domingo)
Álvaro de Luna (El prado de las estrellas)
Alberto San Juan (Bajo las estrellas)*
Tristán Ulloa (Mataharis)

Mejor actriz
Blanca Portillo (Siete mesas de billar francés)
Maribel Verdú (Siete mesas de billar francés)*
Emma Suárez (Bajo las estrellas)
Belén Rueda (El orfanato)

Mejor actor de reparto
Raúl Arévalo (Siete mesas de billar francés)
José Manuel Cervino (Las trece rosas)*
Julián Villagrán (Bajo las estrellas)
Emilio Gutiérrez Caba (La Torre de Suso)
Carlos Larrañaga (Luz de domingo)

Mejor actriz de reparto
Amparo Baró (Siete mesas de billar francés)*
Nuria González (Mataharis)
María Vázquez (Mataharis)
Geraldine Chaplin (El orfanato)

Mejor actor revelación
Óscar Abad (El prado de las estrellas)
Gonzalo de Castro (La Torre de Suso)
Roger Pincep (El orfanato)
José Luis Torrijo (La soledad)*

Mejor actriz revelación
Gala Évora (Lola, la película)
Bárbara Goneaga (Oviedo Express)
Nadia de Santiago (Las trece rosas)
Manuela Velasco (Rec)*

Mejor Director novel
Juan Antonio Bayona (El orfanato)*
Tom Fernández (La Torre de Suso)
David y Tristán Ulloa (Pudor)
Félix Viscarret (Bajo las estrellas)

Mejor Guión Original
Icíar Bollaín y Tatiana Rodríguez (Mataharis)
Ignacio Martínez de Pisón (Las trece rosas)
Gracia Querejeta y David Planell (Siete mesas de billar francés)
Sergio G. Sánchez (El orfanato)*
Gonzalo Suárez (Oviedo Espress)

Mejor Guión Adaptado
Ventura Pons (Barcelona, un mapa)
Laura Santillo (La zona)
Tristán Ulloa (Pudor)
Imanol Uribe (La carta esférica)
Félix Viscarret (Bajo las estrellas)*

Mejor Música Original

Roque Baños (Las trece rosas)*
Carles Cases (Oviedo Express)
Mikel Salas (Bajo las estrellas)
Fernando Velasco (El orfanato)

Mejor canción original
Esa luz (Mataharis)
Fado da saudade (Fados)*
Glommy Sunday (La caja Kovak)
Happy, happy Chueca (Chuecatown)

Mejor dirección de producción
Juan Carmona y Salvador Gómez (Luz de Domingo)
Martín Cabañas (Las trece rosas)
Teresa Cepeda (Oviedo express)
Sandra Hermida (El Orfanato)*

Mejor fotografía

José Luis Alcaine (Las trece rosas)*
Álvaro Gutiérrez (Bajo las estrellas)
Ángel Iguacell (Siete mesas de billar francés)
Carlos Suárez (Oviedo Express)

Mejor montaje
David Gallart (Rec)*
Fernando Pardo (Las trece rosas)
Elena Ruiz (El orfanato)
Nacho Ruiz Capillas (Siete mesas de billar francés)

Mejor dirección artística
Wofgang Burmann (Oviedo Express)
Edou Hidalgo (Las trece rosas)
Gil Parrondo (Luz de domingo)
Joseph Rosell (El orfanato)*

Mejor diseño de vestuario
Sonia Grande (Lola. La película)
Lena Mossum (Las trece Rosas)*
Lourdes de Orduña (Luz de domingo)
María Reyes (El orfanato)

Mejor maquillaje y peluquería
Lourdes Priones y Fermín Galán (Oviedo Express)
Lola López e Icíar Arrieta (El orfanato)
Mariló Osuna, Almudena Fonseca y José Juez (Las trece rosas)*
Jose Quetglas y Blanca Sánchez (El corazón de la tierra)

Mejor sonido
Carlos Bonmati, Alfonso Pino y Carlos Farudo (Las trece rosas)
Licia Marcos de Oliveira y Bernat Aragonés (Tuya siempre)
Iván Marín, José Antonio Bermúdez y Leopoldo Aledo (Siete mesas de billar francés)
Xavi Mas, Marc Orts y Oriol Tárrago (El orfanato)*

Mejor película de animación
Michel Ocelot (Azur y Asmar)
Egoitz Rodríguez Olea (Betizu eta Urrezco Zintzarria)
Lenard F. Krawinkel y Holger Tappe (En busca de la piedra mágica)
Adrià García y Víctor Maldonado (Nocturna)*

Mejor documental
Fernando Méndez-Leite (El productor)
Carlos Saura (Fados)
Fernando León, Javier Corcuera, Wim Wenders, Isabel Coixet y Mariano Barroso (Invisibles)*
Aitor Arregi y José María Goenaga (Lucio)

Mejor película hispanoamericana
Pavel Giroud (La edad de la peseta)
Francisco J. Lombardi (Mariposa negra)
Rodrigo Sepúlveda (Padre Nuestro)
Lucía Puenzo (XXY)*

Mejor cortometraje de ficción
Aitor Merino Unzueta (El pan nuestro)
José Manuel Carrasco Fuentes (Padam)
Arturo Ruiz Serrano (Paseo)
Javier San Román (Proverbio chino)
Abdelatif Abdeselam Hamed (Salvador, historia de un milagro cotidiano)*

Mejor cortometraje de animación

Marcos Valin y David Alonso (Atención al cliente)
Juan Ramón Galiñanes García (El bufón y la infanta)
Juan Pablo Etcheverry (La flor más grande del mundo)
Raquel García-Ajofrín Virtus y Enrique García Rodríguez (Perpetuum Mobile)
Enrique Gato Borregán (Tadeo Jones y el sótano maldito)*

Mejor cortometraje documental
Juan Carlos Zambrana (Carabanchel, un barrio de cine)
Toni Bestard (El anónimo caronte)
Isabel Lucina Gil Márquez (El hombre feliz)*
Eduardo Soler (Valkirias)

jueves, 13 de diciembre de 2007

El péndulo infinito

El debate sobre el cine como industria o como cultura es largo y de gran tradición, por lo que no aspiro a resolverlo en un simple post, ni de ninguna otra manera; aun así no quiero dejar de contribuir con mi opinión, espoleado por el texto de Carlos Benpar --aquí está su filmografía-- sobre los problemas y las incoherencias de la legislación cinematográfica respecto a la promoción del cine en territorios o lenguas minoritarios.

Esta batalla se libra en las salas de cine, no en la producción: una cinematografía existe si sus películas se proyectan; de lo contrario subsisten --como las especies protegidas en los parques naturales-- en el mercado videográfico doméstico de forma completamente artificial, como instrumento de normalización lingüística o como parte de una política más amplia de protección a una expresión cultural amenazada. Estas cinematografías están en la práctica fuera del mercado y son mantenidas por decreto para salvaguardar la diversidad del cine mundial. Una asistencia de este tipo indica que la cinematografía en cuestión está muy malita o bajo mínimos, y todas esas medidas me parecen justas y necesarias. Y no seré yo quien las cuestione. Ahora bien, cuando este diagnóstico es oficial desde hace tiempo hay quienes luchan por sacarlas de la UVI --por orígenes, por convicción personal, por conveniencia económica o creativa-- y devolverlas al mercado usando también las leyes. Aquí es donde hay que situar el texto de Benpar y, en general, todo el debate sobre legislación en el cine catalán. El cine español está en la misma vía, pero a diez años de distancia, así que lo que ahora vale para uno dentro de poco valdrá para el otro.

Tradicionalmente la medida más eficaz para garantizar la exhibición de determinadas películas es la cuota de pantalla (obligación de programar al año un porcentaje de filmes determinado por ley). España ha sido un país históricamente ligado a esta medida desde los años 40 del siglo XX y sólo en épocas recientes se ha suprimido debido a las fuerzas desrreguladoras que atraviesan todos los sectores económicos. ¿Se han suprimido todas las cuotas? ¿Las salas de cine son un mercado auténticamente libre? ¡No! Todavía una cuota resiste al invasor ultraliberal: la cuota de pantalla del cine europeo.

Su existencia se ha revelado un problema para todas aquellas leyes del cine de ámbito infracomunitario, puesto que oficialmente no puede haber otra cuota de pantalla. De esta manera, los países de la Unión Europea --o los gobiernos autónomos en el caso catalán-- se ven obligados a hacer equilibrimismos jurídicos (hacer equilibrismos jurídicos para acabar estampándose "en los mismos") para colar sus medidas garantistas. Para las cinematografías ligadas a un territorio y/o a un idioma resulta un grave problema, a no ser que se acojan a una supuesta excepción cultural englobada (o disfrazada) dentro de la cuota existente del cine europeo.

La ley catalana del cine (todavía un simple borrador político) no es una excepción: no puede apoyarse (como lo ha hecho durante las dos últimas décadas) en el idioma para promocionar el cine, por lo que debe proponer otros criterios: 5% de cuota si el capital es de origen catalán o el equipo técnico y artístico son de origen catalán; 10% si la mitad de los diálogos del rodaje o el 90% de los diálogos finales son en catalán. Un poco demasiado cogido con pinza ¿no? Por su parte, la ley del cine español (pendiente de un último trámite parlamentario) también se ve abocada a proteger la industria renunciando al territorio y al idioma como criterios esenciales, ya que la normativa europea lo desborda con el concepto supralingüístico de "cine europeo". El artículo 29.1 habla de medidas de apoyo a las salas cuya programación supere el 40% de filmes comunitarios e iberoamericanos. Todas las demás medidas quedan vinculadas al proyecto y al origen de la financiación.

Cuando se está tratando de sacar a una cinematografía de la reserva natural con el objetivo de devolverla al mercado libre, sólo existen dos estrategias: la primera hacer buenas películas. Un fime de éxito internacional --premios incluidos-- es la mejor forma de reintegrarse al mercado y de abrir nuevas vías de financiación (aunque sólo sean filmes idénticos o del mismo género; el dinero es conservador, qué le vamos a hacer). La segunda --la que reclama Benpar en su artículo-- diseñar leyes que protejan ese tránsito al mercado. El problema es que luego se les hace difícil desprenderse de unas muletas legales tan cómodas y seguras, a prueba de fracasos y de controles de calidad, y nunca es buen momento para dejarlas atrás. Aseguradas por decreto funcionan como si de verdad trabajaran para acceder al mercado, cuando en realidad se han convertido en la business class de las cinematografías protegidas.

Pero no seamos neocon, porque el problema persiste: el "mercado libre" teórico consiste en una serie de distribuidoras estadounidenses que aseguran la proyección de sus productos; de manera que --si hemos de ser realistas-- es necesario establecer medidas correctoras (por ley), y no es posible dejar al cine europeo frente a semejante monstruo, sin ofrecerle una mínima protección, ya que de lo contrario la superpoblación de cine estadounidense acabará ahogándolo. Sin embargo hay una cosa que deberían garantizar todas las leyes del cine y ninguna lo hace (que yo sepa): que todos los filmes rodados se estrenarán en una sala de cine. De esta forma todas las películas llegarían a la línea de salida del mercado, optando a una exhibición mínima (no en las mejores condiciones ni con la mejor publicidad, pero sí con la oportunidad de llegar al público). Las salas de las filmotecas serían los lugares idóneos: programando por riguroso orden aquellos filmes que no han encontrado distribuidor y quieran acogerse a unas condiciones de explotación especiales (sesiones estipuladas de antemano, recaudación a repartir entre la filmoteca y los productores). Un buen filme con problemas de salida podría de este modo recobrar la esperanza de una difusión más amplia, y en todo caso gozaría del derecho a la igualdad de oportunidad del estreno. Y a partir de ahí sí: que el mercado y la audiencia decidan.

En este péndulo infinito nos encontramos: unos reclamando leyes que protejan al débil (los defensores del cine-industria); otros clamando por un cine regido por la creatividad (los defensores del cine-cultura). Todo este debate se desarrolla en el contexto de un mercado distorsionado "de fábrica", así que nada más asomarnos a él volvemos a la guarida en busca de leyes que nos ayuden a sobrevivir... Y vuelta a empezar. Ante este panorama, a nadie le puede extrañar que parezca mucho más difícil hacer buen cine que buenas leyes.

sábado, 8 de diciembre de 2007

¿Cine? ¿Publicidad? ¡Qué más da!

La idea está muy bien y la verdad es que --tienes razón Ángela-- la noticia da para un post, aunque sea cortito. Aquí está el espot/cortometraje/experimento genial que se ha sacado de la manga Scorsese para subir unos cuantos grados el caché del anuncio navideño de Freixenet. Tanta sucesión de famosos reunidos a golpe de talonario lo habían convertido en un clásico que empezaba a oler a naftalina.

Pero llega Scorsese y le da la vuelta al calcetín, haciendo que el espot parezca un reportaje dentro de un cómo se hizo dentro de un anuncio de televisión dentro de una historia originalísima dentro de una atrofia de homenajes a Hitchcock. En vista del éxito, quizá el año que viene los patrocinadores apuesten por experimentos narrativos en la misma línea, y así Tarantino nos proponga La gallegeisha, la impactante historia de una geisha criada en Galicia --que triunfa en su trabajo precisamente por su meloso acento gallego-- que acaba ingresando en una comunidad fundamentalista de lesbianas karatekas dispuestas a vengarse de todos hombres del planeta (gracias por la idea Josef).

No es un argumento muy navideño, pero ¿quién se atreve a enmendar la plana a Tarantino a estas alturas de película? De momento estas navidades disfrutemos de "La clave reserva":

viernes, 7 de diciembre de 2007

Regalo de Navidad

Aunque la Navidad aún no es oficial no hay que descartar que caiga algún regalo anticipado, como el que me ha hecho La Vanguardia al recomendar mis blogs (Sesión discontinua y Bajarse al bit) en su sección "El lector opina" dedicada a los blogs de sus lectores.

En este enlace podrás leer el texto completo de la noticia, así que por esta vez te pido que seas un poco más participativo de lo normal y dejes tu comentario en la noticia del periódico. A los visitantes habituales, pero también a los esporádicos que aterrizan en mitad de una búsqueda; a los que colaboran mucho, pero también a los que nunca lo hacen; a los que me leen con atención, pero también a los que sólo echan un vistazo de 5 segundos. A todos, gracias.

El sorteo de la lotería de Navidad es el 22 de diciembre pero yo me siento como si me hubiera tocado un premio en el ensayo general...

Nos leemos!!!

domingo, 2 de diciembre de 2007

Princesas 2.0: esas pequeñas esquizofrenias pedagógicas de nuestra cultura popular (Encantada)

El pack clásico de princesas Disney está compuesto por Blancanieves (1937), Cenicienta (1950), La bella durmiente (1959) y La bella y la bestia (1991). En ocasiones el merchandising amplía el grupo con Ariel --La sirenita (1989)-- y Jasmine --Aladdin (1992)--, ofreciendo una versión más étnica y políticamente correcta; cuestión de gustos y de contextos. El caso es que el mito de la princesa que conoce al príncipe y se enamora para toda la vida es el que predomina hoy por hoy en el imaginario de las niñas occidentalizadas de entre cuatro y nueve años (a mucho estirar). Lo que sucede --y de esto hasta la misma Disney es consciente-- es que se trata de cuentos pasados de moda, desconectados del mundo, anclados en una ideología patriarcal y muchas otras cosas cutres y ñoñas. Así que los de Disney se han puesto manos a la obra para poner al día el producto sin romper radicalmente con el pasado (al fin y al cabo las princesas son un poderosísimo gancho en sus parques temáticos), ampliar la nómina de las princesas (la última, Bella, es de hace 15 años), y de paso dar un zarpazo a toda esa competencia de modernas heroínas que amenazan su hegemonía, aunque todas sean de la misma Disney: Raven (2003), W.I.T.C.H. (2005), Hannah Montana (2006) o los recientes modelos adolescentes universalizados por la saga High School Musical (2006, 2007). Si hay algo que admiro de Disney es su capacidad para adaptarse a los tiempos y llegar simultáneamente a todo tipo de público infantil: a cada edad su mito calculadamente transgresor.



El de la princesa, por tanto, es el primero que aterriza en las mentes de nuestras niñas y demuestra una eficacia arrolladora. Otra cosa es que ese mito forme parte de una pedagogía extraterrestre sin ninguna conexión con la realidad; pero es inevitable plegarse a él cuando se tienen niñas. Primero porque el merchandising es omnipresente y socializador, y segundo porque --reconozcámoslo, papás sobre todo-- es compatible con nuestra idea tradicional de que las mujeres deben ser recatadas y esperar al hombre adecuado. Encantada (2007) es una película que acepta este reto y se lanza a establecer una conexión entre mito y realidad: Giselle,"la quinta princesa", aterriza --hay que fijarse bien: cae encima, no debajo, de la tapa de alcantarilla que la conecta con el mundo real-- en el Nueva York actual desde su mundo dibujado, acaramelado e idílico, empujada por una malvada bruja que la quiere expulsar de su cuento. En la ciudad aprende que no es suficiente con conocer al príncipe, que hay que "tener citas" y "salir" con él varias veces para conocerse mejor. Es cierto: para las mujeres, creer todavía en los príncipes azules, que aparecerán de pronto para rescatarlas de sus adocenadas vidas, es una utopía absurda; pero --y eso es lo que viene a defender la película-- sigue siendo la energía que alimenta su subconsciente sentimental. Y si no que se lo digan a Nancy (la novia de Robert hasta que aparece Giselle), que reacciona como lo hace cuando recibe unas flores en forma de corazón, creyendo que las ha mandado enviar su estirado novio. La praxis princesil que propone Encantada permitirá a Disney extender el mito (y el negocio) de la princesa quizá hasta los doce o trece años.

Las películas Disney de acción real se han caracterizado tradicionalmente por su reparto de desconocidos no demasiado buenos actores y por estar basadas en guiones flojitos, flojitos. Encantada no es en absoluto una excepción a esta norma, menos por la interpretación posmoderna y refrescante de Susan Sarandon (quién le iba a decir que encarnaría lo que sin duda será un clásico de la cabalgata Disney la noche de Halloween). Aun así el filme contiene algunos aciertos parciales de indudable valor (los enumero por estricto orden de preferencia): los fractales créditos finales, la divertida confección de los vestidos de Giselle, la banda sonora de Alan Menken --toda una garantía, responsable también de La sirenita, Aladdin, La bella y la bestia, Pocahontas (1995), El jorobado de Notre Dame (1996) y Hercules (1997)--, la súplica de Robert (Patrick Dempsey) a Giselle (Amy Adams) rogándole que no cante para exteriorizar sus sentimientos, la impagable serie de guiños a otros tantos clásicos animados Disney, incluyendo al príncipe protagonista abatiendo un ogro que por supuesto recuerda a Shrek (2001, 2004, 2007) y a la princesa salvando al príncipe en el último minuto. Disney alcanza en este final el grado máximo de posmodernidad que se puede permitir sin socavar las bases mismas de su negocio: los papeles puede que se hayan intercambiado, pero el rescate "debe" existir.



Aunque yo por un momento creí que la película iba a consistir en un catálogo de los clásicos personajes animados encarnados por actores reales, estableciendo un contrapunto divertido o irónico entre lo que fueron como dibujos y lo que son como humanos; pero el gag del gruñón es una lágrima en la lluvia. Aun así, hay cosas que nunca podrá ser Encantada: a pesar de bordear caminos peligrosos, ciertamente interesantes, se trata de territorios prohibidos por axioma. Cuando Giselle acaricia el pecho de su salvador siente un acaloramiento que sin duda es fruto de algo que está sistemáticamente elidido en todos los clásicos Disney, y sin embargo ese calor está ahí... Aún falta un cuarto de siglo para que se pueda rodar un filme Disney protagonizado por una princesa que acaba de terminar de leer --pongamos por caso-- El segundo sexo (1949) de Simone de Beauvoir. Y más de un siglo para que se estrene "Princesonas", la última vuelta de tuerca al tema desde el punto de vista de la teoría queer, puesta al día por Judith Butler en El género en disputa (1990). Y me quedo corto, puesto que hay mucho terreno para avanzar, pero paro porque se me empieza a ir la olla...

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