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jueves, 3 de enero de 2008

Lágrimas en la lluvia de un pureta ochentero (Blade runner)

Corto (02/07/2007): Blade runner: 25 años de mi última sesión continua

Comienzo el año aferrado a los clásicos, más concretamente al "nuevo clásico" en que se ha convertido Blade runner (1982), incapaz de resistir la tentación de revisar en pantalla grande --acompañado de mis colegas igual de puretas que yo-- ese final cut que ha dejado la película niquelada y limpia de errores visuales, sonoros y narrativos, preparada para aguantar otros 25 años de sobreanálisis.

En la cena libanesa previa a la película medimos nuestro particular nivel de frikismo poniendo en común datos y opiniones: el número de veces que la hemos visto (el que más 10, el que menos 3), la sorprendente clarividencia de algunas profecías tecnológicas de la novela --clonación humana, reconocimiento del habla, atrofia del individualismo onanista en un mundo de sexualidad ubicua, retrato de una sociedad cyberpunk dos años antes del Neuromante (1984) de William Gibson, quien probablemente tuvo en mente la película cuando la escribió--, las lúcidas y desgarradoras palabras de Roy/Nexus 6 (Rutger Hauer) en el momento de su muerte, todo un poema sobre la existencia que ha convertido esa escena en la seña de identidad de una generación y que ya forma parte de nuestro legado o carga (según se quiera mirar):

"He visto cosas que vosotros no creeríais..., atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad, cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos... se perderán en el tiempo... como lágrimas en la lluvia... Es hora de morir".

El reverso doméstico y lamentable a tanta trascendencia son las hombreras y los tejanos nevados del anuncio aquel:



Es curioso cómo los elementos que más vinculaban el argumento a la tradición del cine negro han sido eliminados y denostados de forma unánime por director, técnicos y actores, y sin embargo a mí me pareció en su momento todo un acierto retratar la modernidad a través de ese estilo narrativo clásico. Paradojas del tiempo y de la significación.

Sobre la película, la impresión primera y más favorable es el lavado de cara digital del negativo: esta copia "definitiva" no es tan oscura como la de 1982 que yo recuerdo y contiene muchos más detalles y mejoras secundarios, posibles gracias a las técnicas de retoque digital. Las escenas en el apartamento de Deckard me parecieron en su día --y todavía me lo parecen-- un explícito homenaje a Marlowe, pero claro, esto no se puede valorar porque los creadores reniegan de estos elementos de estilo, así que destacaré la violencia ritual, distante y decadente de la "retirada" de Zhora (Joanna Cassidy), impregnada por la inquietante música de Vangelis, una muestra perfecta de eso que por entonces se llamaba la estética de videoclip.

Ochenteros y demás miembros de la Generación X: si queréis reafirmar vuestro sentido de pertenencia a una generación ahora en su mejor momento, id a verla o pillad una copia y disfrutadla. Generación Y y posteriores (ya no sé qué otras etiquetas os han puesto): si queréis conocer los fantasmas, tics, manías, lugares comunes, obsesiones y rarezas que caracterizan a quienes os hemos precedido en el descubrimiento de la modernidad de turno, id a verla o pillad una copia y disfrutadla.
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