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miércoles, 7 de enero de 2009

Idiotas a tiempo completo: el cine de Wes Anderson

Wes Anderson ha tenido la suerte y/o la astucia de contar como colaboradores en el guión con amigos --Noah Baumbach en Life aquatic (2004)-- y algunos de sus actores protagonistas: Jason Schwartzman en Viaje a Darjeeling (2007), y especialmente Owen Wilson, con quien escribió la premiada The Royal Tenenbaums (2001), Academia Rushmore (1998) y Bottle Rocket (1996); esta última suponía para ambos su debut cinematográfico como guionistas, además de actor y director respectivamente.

El cine de Wes Anderson tiene la rara habilidad de presentar una realidad sutilmente amputada: sus argumentos no puede decirse que sean disparatados, sino que se las arregla para colar en ellos momentos y situaciones que rayan en lo absurdo, o diálogos que aspiran a una trascendecia absoluta pero interpretados con una socarronería que desarma (algún despistado puede que los tome en serio), sin que por ello dejen de tener una lógica interna dentro de la historia. Un humor sutil, desmitificador y carente de sentido se desprende inevitablemente de semejante mezcla, de la que me siento incapaz de establecer sus ingredientes.


Spot dirigido por Anderson para American Express: un original homenaje a La noche americana (1973) de Truffaut.

El simple enunciado del argumento y una breve descripción de su escena inicial son suficientes para hacerse una idea de qué va Bottle Rocket: el autodemoninado grupo paisajista Los vaqueros del césped es en realidad una tapadera que oculta a una torpe y disparatada banda dedicada a cometer atracos a la que --por muy diversas y diferentes razones-- van a parar Anthony, Dignan y Bob, los tres amigos protagonistas de la historia. Al comienzo del filme, Anthony (Luke Wilson) se despide del doctor que ha supervisado su tratamiento en un centro psiquiátrico y le pide que le permita salir por la ventana puesto que Dignan (Owen Wilson) le ha preparado un detallado plan de fuga, pues ignoraba que su estancia en el centro era voluntaria. De manera que ahí va Anthony descendiendo por las sábanas anudadas desde su ventana para reunirse con Dignan, que le espera con una libreta en la que ha planificado para ambos una lista de cosas que abarca los próximos quince años.

En Bottle Rocket --como en Viaje a Darjeeling-- es fácil entrar en el tono de parodia que propone la película, puesto que enseguida se comprende que va de atracos «ferpectos» perpetrados por inútiles que se las dan de profesionales, donde nada es lo que parece ni nada sale como se esperaba. Anderson consigue sus mejores resultados cuando es capaz de envolver con su sentido del humor una historia firmemente anclada en argumentos previsibles, de esta manera es más facil detectar los desv(ar)íos que provoca su peculiar narrativa. Por eso no es fácil congeniar con Academia Rushmore y Life aquatic, pues sus guiones están llenos de altibajos e irregularidades, generando extrañamiento y hasta rechazo (a menos que uno decida colarse por las grietas de su finísima ironía). En estos casos, lo más útil es ser consciente de que se está ante filmes de Wes Anderson y, por tanto, hay que estar abierto a momentos inefablemente absurdos, apreciables únicamente para ojos atentos y cerebros ansiosos de lógicas distorsionadas. Recuerdo que no fue hasta el segundo tercio de Life aquatic, a propósito de un comentario sobre una cafetera robada algo así como diez escenas antes, cuando di con la clave para disfrutarla. En este caso, como en The Royal Tenenbaums, su reparto de lujo es el principal atractivo para el espectador, aunque si a uno no le va el humor ligeramente surreal queda rápidamente defraudado.

Los personajes de Bottle Rocket --y, en general, los de todo el cine de Anderson-- son arquetipos en estado puro, seres obsesionados con los objetivos vitales (más o menos verosímiles) que se han marcado, los cuales expresan en público de una forma desproporcionada, inmunes al desaliento y a la burla, y reaccionando ante las dificultades de forma infantil y/o absurda, sin que se pueda deducir que, cuando están a solas, se comportan como personas normales y equilibradas. Son meros arquetipos humorísticos, útiles para la narración y provocar el efecto deseado. En cada una de sus películas posteriores, Anderson mantendrá este esquema, pero puliendo aristas y haciendo menos evidentes las costuras, de manera que uno llega a Viaje a Darjeeling y se encuentra con un universo propio bien perfilado y unos personajes que en realidad son el producto de sus anteriores filmes. Si el espectador los conoce de antemano conectará sin dificultades con los extraños diálogos que contiene, así como con las búsquedas y las prioridades que les mueven. Si no es así habrá que confiar en que --como en mi caso con el gag de la cafetera-- el azar consiga que un gesto, una frase, una imagen, una escena, le permitan contemplarla desde el ángulo adecuado, la perspectiva desde la que todo encaja con la dosis exacta de relativa trascendencia, desdramatizado humor y calculada superficialidad.

Al final resulta que sí he sido capaz de verbalizar los ingredientes de esa realidad sutilmente amputada, ahora sólo queda esperar que su anunciada The fantastic Mr. Fox (2009), coescrita con Noah Baumbach, interpretada por algunos de sus principales actores-fetiche (Jason Schwartzman, Anjelica Huston) y las voces de otros tantos (Cate Blanchett, George Clooney, Bill Murray), sea capaz, para quienes conocemos y disfrutamos de su cine, de superar el listón de Viaje a Darjeeling. Quienes se acercan a él por primera vez podrán tomar el inesperado desvío que conduce al universo que se abre detrás de la insoportable banalidad de sus películas. Wes Anderson merece que nos demos más de una oportunidad para encontrarlo.


http://sesiondiscontinua.blogspot.com.es/2008/12/idiotas-tiempo-completo-el-cine-de-wes.html


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