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lunes, 19 de abril de 2010

Mi gran restaurante griego (Soul kitchen)

La breve filmografía de Fatih Akin hasta ahora ha alternado ficciones furiosas --Contra la pared (2004)-- con documentales de tinte sociocultural --Cruzando el puente. Los sonidos de Estambul (2006)-- que beben de sus orígenes turcos. Quizás como contrapeso a tanta trascendencia, ha decidido lanzarse a la comedia con un guión que venía puliendo desde hace siete años. Se ha tomado su tiempo y, teniendo en cuenta que la comedia no es un género fácil, Akin ha conseguido salir airoso del reto.

Soul kitchen (2009) es un enredo coral con grandes dosis de humor costumbrista, muy parecido al que suele practicar el cine español, con dos diferencias fundamentales: no recurre a rostros televisivos (potencialmente más atractivos de cara a la taquilla) ni tira de tópicos (ni de personajes ni de situaciones). En cambio, igual que se hace con los champiñones, ha decidido saltear el argumento con una comicidad amable y pequeñas dosis de sentimentalismo, un ingrediente que posee un efecto positivo más que garantizado sobre la impresión final del espectador.



Zinos es el dueño de un restaurante (más bien una casa de comidas para trabajadores) que se encuentra de pronto entre una novia que se va a trabajar a China, un hermano en régimen abierto carcelario al que debe contratar para encubrir sus trapicheos, un chef que se niega a cocinar para gente que no valore su arte y un despiadado broker inmobiliario que le presiona para que venda el local. En medio de ese cuadrilátero Zinos se provoca una hernia discal, un doloroso contratiempo que habría dado para un drama, pero que Akin convierte en catalizador de algunas escenas muy divertidas, algunas de ellas ya disparatadas de por sí. Soul kitchen está narrada con un humor basado en situaciones sencillas (quizá alguna demasiado vistas) que resulta efectivo por dos motivos: 1) el guión despliega con maestría un enredo capaz de integrar todos esos gags, de manera que no parezcan forzados ni fuera de lugar; y 2) todos los personajes (protagonistas y secundarios) están perfectamente definidos mediante carácter, objetivos y reacciones (lo contrario de lo que hacen las malas comedias por falta de tiempo, ganas y/o inteligencia).

La película es un homenaje personal de Akin al mundillo en el que se movió durante su juventud: los bares de moda, el ambiente nocturno --trabajó en varios locales mientras estudiaba en la universidad--, y a ciertos barrios de Hamburgo, la ciudad en la que sigue residiendo, hoy en plena transformación urbanística. De paso, se las apaña para colar una reivindicación nostálgica de esas personas entre las que uno se encuentra a gusto. Los que no conocemos Hamburgo nos conformamos con una comedia entretenida que hace bien su trabajo.

http://sesiondiscontinua.blogspot.com/2010/04/mi-gran-restaurante-griego-soul-kitchen.html
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