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jueves, 12 de mayo de 2011

Experimento fallido (Código fuente)

Tras el interesante debut que supuso Moon (2009), Duncan Jones se ha lanzado de lleno a un producto comercial, al que sin duda se vinculó por los elementos de acción y tecnología que incluye el guión y por las enormes posibilidades narrativas que eso suponía. Desde ese punto de vista Código fuente (2011) es una película que ahonda en algunos temas y rasgos de estilo que ya estaban presentes en Moon. Ya sé que suena a teoría de autor barata pero sé lo que me digo.

El planteamiento inicial no puede ser más atractivo y lleno de posibilidades: un militar especialista es trasplantado en el tiempo hasta un tren de pasajeros en el que ocho minutos después estallará una bomba; su misión es descubrir al terrorista que viaja en él para abortar una nueva explosión aún más devastadora, anunciada para unas horas más tarde. Perfecto, nada que objetar: hay filmes con puntos de partida más estrambóticos y el resultado final no desmerece en absoluto: Cube (1997), Memento (2000), Primer (2004) o Serenity (2005). Otra cosa es que con estos materiales Jones haya sabido componer un auténtico thriller de tensión impecablemente incremental. Pues mire usted, no.

Vaivenes argumentales más o menos coherentes y verosímiles aparte, cuando una película aborda los viajes cuánticos en el tiempo eso significa casi con toda seguridad que tendrá un formato cercano a lo que yo denomino la narración recursiva, que es aquella en la que asistimos una y otra vez a un mismo suceso y, tras cada visionado, accedemos una nueva información, que completa o anula a las anteriores. Es una variante de la narración fractal, como la que proponía Origen (2010), basada en el anidamiento de historias. En ambos casos se trata de filmes que explotan uno de los recursos más vanguardistas de que dispone el cine para equipararse con la literatura. Desde El hombre que mató a Liberty Valance (1962) y, sobre todo, hasta El sexto sentido (1999), el espectador sabe que si una misma escena se repite en un filme es porque hay un dato oculto o posee significados acumulados, contradictorios y/o sorprendentes. Se trata sin duda de una labor arriesgada, y ese mérito es de lo poco que aporta Duncan Jones: las tres primeras repeticiones comienzan con el mismo plano --quizá para asegurar la comprensión del espectador-- para luego atreverse con transiciones cada vez más arriesgadas. A partir de la cuarta se despacha con algunos toques de humor y algo de tensión descafeinada. Una vez disuelto el efecto de desorientación que atenaza al protagonista y al espectador, la historia se desparrama en tramas impensables por anodinas.



Lo peor de Código fuente es la sensación final de una película que ha malbaratado una idea muy prometedora, especialmente en los diez minutos finales, cuando la blandenguería a tiempo completo --además de unos reveses narrativos imposibles y absurdos-- sustituye a la tensión y al suspense que, más o menos, ha sabido mantener el resto del tiempo. Si apuestas por un thriller más vale que empiece y acabe como tal, que eso no impide que puedas intercalar toda la blandenguería previsible que quieras. Lo que no cuela es sustituir uno por otra sin esconder en la manga un golpe de efecto final.


http://sesiondiscontinua.blogspot.com/2011/05/experimento-fallido-codigo-fuente.html
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