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lunes, 31 de enero de 2011

Hollywood landea (Ahora los padres son ellos)

Hace dos décadas, buena parte del reparto de Ahora los padres son ellos (2010) habría sido el principal reclamo para un intenso thriller político, o un sólido drama al estilo de La decisión de Sophie (1982) o así: Robert de Niro, Dustin Hoffman, Barbra Streisand, Harvey Keitel, Laura Dern... Y entre ese elenco estelar estarían Ben Stiller, Owen Wilson y sobre todo Jessica Alba; actores de menor renombre pero que quieren cambiar de registro, o lanzarse a nuevos desafíos... Pero la gente se hace mayor y hay que asegurar ingresos, aunque sea a costa de encasillarse en papeles anodinos. Al fin y al cabo se trata de rodajes que no requieren grandes esfuerzos (sobre todo a intérpretes como ellos), se hacen cerca de casa y proporcionan ingresos fáciles. No seré yo quien les eche en cara ser prácticos y mirar por su futuro más allá de la pantalla. Sigourney Weaver, por ejemplo, se ha hecho un capitalito nada desdeñable gracias a la inacabable saga Alien (1979, 1986, 1992, 1997), de la que ha acabado siendo co-productora; y ahora se permite el lujo de rodar lo que le da la gana, incluso producir pequeños experimentos independientes.



Robert de Niro ha encontrado su Alien personal en el personaje de Jack Byrnes, el ex-agente de la CIA que aplica métodos de contraespionaje para conocer las verdaderas intenciones de sus futuros yernos, en especial de Gaylord Focker (en España, para no echar a perder el chiste fonético, se llama Follen). Los padres de ella (2000) elevaba a la enésima potencia los tópicos sobre ambas figuras, explotando hábilmente el lado cómico de la situación: la desconfianza, el deseo de agradar, el suegro pasando al yerno por el detector de mentiras, el yerno metiendo la pata con consecuencias espectacularmente incrementales... En la secuela --Los padres de él (2004)-- el dúo Hoffmann/Streisand establecía el contrapunto en forma de consuegros desinhibidos, informales... y judíos. Se echan de menos los elaborados gags de la primera parte, pero alguno hay, especialmente hacia el final.

Ahora llega el momento de rematar la tríada, y qué mejor manera de hacerlo que metiendo a todos juntos en un enredo en el que cabe todo: infidelidades irreales --con una Jessica Alba más pedorra que nunca--, Byrnes metiendo las narices en la vida de su yerno. De los gags visuales de sus predecesoras no queda ni rastro, tan sólo un encadenamiento de situaciones que deben hacer gracia como sea, incluso pasando de rosca la película. Ninguna de las posibles historias se concreta, todo son pequeños malentendidos y escenas con diálogos interminables que enfrentan a los diferentes protagonistas.

Película previsible donde las haya que en determinados momentos roza el landismo en versión Hollywood: ese falso tonteo con el humor sexual sabiendo que no se pasará de determinados tópicos verbales y visuales.

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lunes, 24 de enero de 2011

Ensanchando el abismo entre el sueño romántico y la realidad (Como la vida misma)

La cosa suele ir más o menos así: encuentros fortuitos, parejas que esperan décadas para reunirse, hombres que se hacen pasar por gais para ligar, mujeres que se enamoran de gais, mujeres con hijos que pillan un marido rico, gais que dejan embarazada a su amiga de toda la vida, padrinos que comparten odio y una ahijada acaban formando una familia, hombres con hijos que consiguen una mujer sensible, delgada e inteligente, compañeros de trabajo que finjen una relación que luego se convierte en realidad, hijos que reúnen a sus padres divorciados, amigos que se redescubren como amantes, amantes que se redescubren como personas, chicos que se enamoran de las novias de sus hermanos, madres que se enamoran de los novios de sus hijas, estancias en islas desiertas que desembocan en intimidad, enamorados en secreto que asisten a la boda del hombre/mujer de sus sueños, embarazos inesperados que cohesionan una pareja impensable, hombres y mujeres que se sinceran de forma simultánea dejando claro que su sentimiento es mutuo. Finales emocionantes, reencuentros inesperados, regresos bajo la lluvia, rescates de última hora, esperas en portales, encuentros a la salida del trabajo, momentos imaginados una y mil veces que se convierten en realidad, honestidad y sinceridad recompensados con creces. Gente adinerada, delgada y guapa, fotografía luminosa, supermercados y comercios que rebosan abundancia y bienestar, estilos de vida acomodados, generaciones claramente marcadas, roles sexuales implícitamente establecidos, entornos familiares cohesionados, confidencias y detallitos, comentarios sobre confidencias y detallitos, emotivas declaraciones delante de la familia y/o las amigas, momentos perfectos... Creo que no me dejo nada.



Como la vida misma (2011) es el segundo largometraje en diez años de Greg Berlanti --no confundir con el filme del mismo título de Peter Hedges con Dianne Wiest y Juliette Binoche-- y contiene algo de ese batiburrillo del párrafo anterior, además de unos pocos diálogos ocurrentes (especialmente al principio) y un par de gags que prometen, aunque sin estar del todo pulidos como para considerar el resultado tan cómico como romántico. El resto no es que sea previsible, es que es inverosímil, igual que los personajes.

Y ahora un poco de contexto de visionado: acompañé a mi hija, mi sobrina y mi hermana (lo sé: debí haberme anticipado a todos los signos que lo advertían), y nos metimos en una sala a rebosar en la que --lo aseguro-- sólo éramos tres hombres. Aun así, hice mías las recomendaciones de Darwin y me adapté al entorno para sobrevivir: comienza la sesión y lo paso bien, me rio con ganas en algunos momentos... Pero llega la escena en que los protagonistas jóvenes y guapos --que se han llevado como el perro y el gato hasta ese momento-- se enrollan y el público estalla en una alegre y espontánea ovación... que se repite al final de la película. Comprendo que el abismo que se abre entre las expectativas de ese público adolescente y la realidad se ensancha a cada título como este. El problema no es la existencia del género en sí, ni siquiera la sobreabundancia de títulos de calidad más que mediocre. El problema es que el mito del romance heterosexual rico y guapo es suficiente para convocar a un público entregado de antemano que cree que se trata de algo más que ficción, de algo a su alcance. El problema es que la comedia romántica, dada su ubicuidad actual, amenaza con subrogarse un papel socializador en el tema de las relaciones, dejando en segundo plano el entretenimiento. El enredo amoroso ya no es tal, ahora es una fábula sobre la necesidad de mantener la coherencia ante las adversidades, aferrarse a los valores tradicionales y, sobre todo, sobre todo, sobre todo, no traicionar nunca a las amigas. Mantenerse en estos principios prácticamente asegura que el muchacho de tus sueños vendrá a por ti: el que te gustaba en el instituto, el tío bueno de la oficina (da igual lo borde que sea) o cualquier hombre capaz de reunir en un mismo cuerpo la perfecta combinación de inteligencia, belleza, humor y sensibilidad. El imaginario femenino no tiene nada que envidiar al masculino en cuanto a irrealidad.

Es curioso cómo un género tan limitado argumental y estilísticamente exhibe semejante variedad de historias tendente al infinito. El mérito, desde luego, es de los guionistas. De las espectadoras, ¿qué se puede decir? ¿Admirar su inagotable capacidad para creer en los finales felices? ¿Confiar en que, llegado el momento, sabrán distinguir entre realidad y ficción? Manuel Rivas escribió que la ficción sirve para crear más realidad, quizá la nueva Generación XXY (la etiqueta me la acabo de inventar) prefiera reinvertirla en mitos que alimenten la travesía de la soledad.

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lunes, 17 de enero de 2011

Goyas 2011: ¿Mensaje en una estatuilla?

Actualización (14/02/2011): los Goya de 25ª edición se entregaron y lo más destacable fue la sincera y realista despedida de su presidente (el texto íntegro aquí, el vídeo más abajo), la ya clasica intervención de Jimmy Jump, la consagración de Pa negre de Agustí Villaronga (mi segunda mejor opción como preferida) y la ausencia de votos particulares a esta entrada. ¿Será, como apunta De la Iglesia, una metonimia de la repercusión social del cine español entre su potencial público? No lo sé.

En cuanto a mi capacidad de anticipación, este año ha brillado como nunca: ¡16 aciertos! Una marca inédita que desluce un poco por su desequilibrio interno: en las categorías artísticas nada de nada (excepto la más que cantada de Bardem).



La edición de este año de los Goya, además de las clásicas apuestas y predicciones, tiene muchos alicientes añadidos: el resultado tendrá mucho de revelador por lo que se refiere a los aires que corren entre el gremio de lo cinematográfico en España. Y todo eso sin salir de la categoría a la mejor película. Este año compiten Balada triste de trompeta de Álex de la Iglesia, cuya fría y desigual acogida de crítica y público no cuadra con el aluvión de nominaciones recibidas (incluida mejor producción), excepto si usamos el comodín de actual director de la academia. A continuación Pa negre de Agustí Villaronga, un filme catalán por producción, contenidos y --lo que es más increíble-- idioma original; su triunfo (independientemente del valor del filme, que es lo que aquí se juzga) ofrecería además una lectura política acerca de las bondades de la pluralidad cultural de la academia. Por su parte, Buried de Rodrigo Cortés, es un ejemplo emblemático de por dónde van a ir los tiros en el futuro de la industria del cine español (y de la mayoría de cinematografías occidentales que no sean la estadounidense): coproducción con los EE UU para asegurar su estreno en este país, rodaje en inglés con actores (en este caso actor) angloshablantes y equipo artístico español (de mayoría catalana para ser más específico). Buried también está nominada para los premios Gaudí, concedidos por la academia catalana de lo cinematográfico, y su eventual victoria resultaría aun más paradójica puesto que no es un filme hablado en catalán (la principal y casi única variable empleada hasta ahora por políticos e instituciones locales para acotar la etiqueta "cine catalán"). Finalmente, También la lluvia del tándem Bollain/Laverty, es el clásico producto de calidad que la academia suele premiar por su defensa o reivindicación de ciertos principios de progreso (del pasado o del presente) y/o valores humanos, en la línea de El bola (2000), Los lunes al sol (2003), Te doy mis ojos (2004), de la misma Bollain, La soledad (2007); filmes en general comprometidos con una realidad social a la que, desgraciadamente, poco aportan para modificar aquello que denuncian. Eso sí, a los convencidos de antemano les encanta. Lope sería el quinto título en discordia en esta lista si hubiera cinco candidatas al premio, pero sus nominaciones en otras categorías sin duda representan el mejor cine artesano de toda la vida aplicado a temas patrios conveniente (y afortunadamente) renovados para bien.



Votar También la lluvia para mí significaría el clásico voto continuista y previsible; Buried la apuesta por la renovación estilística, temática y de producción; Pa negre una victoria extracinematográfica de la España periférica y Balada triste de trompeta el triste espectáculo de una academia más endogámica y meritocrática que nunca. En cualquier caso, hay que alegrarse si --como yo-- tantos cambios han servido para que veamos más cine español porque en sus películas hay más cine que español.

Estas son mis reflexiones previas, y para que acabe de constar en post, ahí va (en azul) mi apuesta para cada categoría (las premiadas con asterisco). Espero que así otros lectores (habituales o no) se sientan impelidos a mojarse copiando y pegando en un comentario esta misma lista y expresando sus preferencias, razonadas o subjetivas.

Película
Balada triste de trompeta
Buried
Pa negre*
También la lluvia

Dirección
Rodrigo Cortés por Buried
Agustí Villaronga por Pa negre*
Icíar Bollaín por También la lluvia
Álex de la Iglesia por Balada triste de trompeta

Actor protagonista
Antonio de la Torre por Balada triste de trompeta
Javier Bardem por Biutiful*
Ryan Reynolds por Buried
Luis Tosar por También la lluvia

Actriz protagonista
Elena Anaya por Habitación en Roma
Emma Suárez por La mosquitera
Belén Rueda por Los ojos de Julia
Nora Navas por Pa negre*

Actor de reparto
Eduard Fernández por Biutiful
Álex Angulo por El gran Vázquez
Sergi López por Pa negre
Karra Elejalde por También la lluvia*

Actriz de reparto
Terele Pávez por Balada triste de trompeta
Ana Wagener por Biutiful
Pilar López de Ayala por Lope
Laia Marull por Pa negre*

Actor revelación
Juan Carlos Aduviri por También la lluvia
Francesc Colomer por Pa negre*
Manuel Camacho por Entre Lobos
Oriol Vila por Todas las canciones hablan de mí

Actriz revelación
Aura Garrido por Planes para mañana
Carolina Bang por Balada triste de trompeta
Marina Comas por Pa negre*
Natasha Yarovenko por Habitacíón en Roma

Director novel
David Pinillos por Bon Appetit*
Emilio Aragón por Pájaros de papel
Juana Macías por Planes para mañana
Jonás Trueba por Todas las canciones hablan de mí

Película europea
El escritor
El discurso del rey*
La cinta blanca
Un profeta

Película hispanoamericana
Contracorriente
El hombre de al lado
El infierno
La vida de los peces*

Guión original
Álex de la Iglesia por Balada triste de trompeta
Chris Sparling por Buried*
A. Bo, N. Giacobone y A.G. Iñárritu por Biutiful
Paul Laverty por También la lluvia

Guión adaptado
Jordi Cadena por Elisa K
Julio Médem por Habitación en Roma
Agustí Villaronga por Pa negre*
Ramón Salazar por Tres metros sobre el cielo

Película documental
Bicicleta, cuchara, manzana*
Ciudadano Negrín
How Much does Your Building Weigh, Mr. Foster?
María y yo

Montaje
Alejandro Lázaro por Balada triste de trompeta
Ángel Hernández Zoido por También la lluvia
Rodrigo Cortés por Buried*
Stephen Mirrione por Biutiful

Fotografía
Antonio Riestra Pa negre*
Eduard Grau Buried
Kiko de la Rica Balada triste de trompeta
Rodrigo Prieto Biutiful

Música original
Roque Baños Balada triste de trompeta
Gustavo Santaolalla Biutiful
Víctor Reyes Buried
Alberto Iglesias También la lluvia*

Canción original
In the lap of the mountain Buried
Loving Strangers Habitación en Roma
Que el soneto nos tome por sorpresa Lope*
No se puede vivir con un franco Pájaros de papel

Dirección artística
Ana Alvargonzález Pa negre*
Edou Hydallgo Balada triste de trompeta
Brigitte Broch Biutiful
César Macarrón Lope

Diseño de vestuario
Paco Delgado Balada triste de trompeta
Mercè Paloma Pa negre
Sonia Grande También la lluvia
Tatiana Hernández Lope*

Maquillaje y/o peluquería
J. Quetglas, P. Rodríguez, N. Sánchez Balada triste de trompeta*
K. Soler, M. Trujillo, P. Rodríguez Lope
A. Casal y S. Merino Pa negre
K. Soler y P. Rodríguez También la lluvia

Sonido
C. Schmukler, D. Garrido por Balada triste de trompeta
Urko Garai, Marc Orts, James Muñoz por Buried*
D. Fontrodona, F.Novillo, R. Casals por Pa negre
Cortés, Royo-Villanova, Gutiérrez por También la lluvia

Dirección de producción
Cristina Zumárraga También la lluvia*
Aleix Castellón Pa negre
E. Roch, T. Novella Lope
Yousaf Bokhari Balada triste de trompeta

Efectos especiales
R. Abades y F. Piquer Balada triste de trompeta*
G. Paré y À. Villagrasa Buried
G.H. Farias y J. Nogales También la lluvia
R. Romanillos y M. Siqueira Lope

Película de animación
Chico y Rita*
El tesoro del Rey Midas
La tropa de trapo
Las aventuras de Don Quijote

Cortometraje de ficción
Adiós papá, adiós mamá
El orden de las cosas
Una caja de botones*
Zumo de limón

Cortometraje documental
El cine libertario
El pabellón alemán
Memorias de un cine de provincias*
Un dios que ya no ampara

Cortometraje de animación
Exlibris
La bruxa*
La torre del tiempo
Vicenta

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domingo, 9 de enero de 2011

La imposibilidad de cambiar el mundo (También la lluvia)

Iciar Bollain parece que ha encontrado su lugar en el cine: directora con oficio, actriz precoz --El sur (1983)-- y guionista ocasional; una creadora todoterreno cuya experiencia e intereses la sitúan entre las mejor capacitadas para sacar al cine español del previsible retroceso temático y mal uso técnico (está rodada en 3D) que supondrá Torrente 4 (2011). Su asociación sentimental y artística con Paul Laverty --uno de los mejores guionistas británicos actuales y colaborador habitual de Ken Loach-- le ha permitido dirigir un filme basado en un material mucho mejor trabajado que otros guiones suyos escritos en colaboración: Flores de otro mundo (1999), Te doy mis ojos (2003), Mataharis (2007).

También la lluvia (2010) podría haber sido el nuevo filme de Loach, pero este detalle resulta irrelevante, puesto que Bollain la ha dirigido con el mismo estilo entre apasionado, lúcido y desencantado de su admirado mentor, al que conoció durante el rodaje de Tierra y libertad (1995). La diferencia es que esta vez el tema --el saqueo español de América en el siglo XV y el de las multinacionales en el XXI-- resulta mucho más cercano al público hispano que los habituales conflictos y dramas políticos de la historia anglosajona.



El filme contrapone el rodaje de un filme acerca del expolio/genocidio español de las colonias recién descubiertas por Colón --ya era hora de que el cine español hablara sin tapujos de este tema-- con la lucha desesperada de un grupo de vecinos (que además intervienen como extras en el rodaje) por el aumento del precio del agua a causa de la privatización del suministro. La mezcla de ambas historias permite presentar los diferentes grados de (falso) compromiso que solemos exhibir al enfrentarnos a situaciones que nos hacen conscientes del diferencial de bienestar que mantenemos con buena parte del mundo que nos rodea, con nuestro egoísmo y nuestra doble moral respecto a lo que entendemos por activismo e implicación en la lucha contra la injusticia y las desigualdades que contribuimos a perpetuar.

No falta nada en este repaso ya conocido por los habituales del cine de Loach: sin ir más lejos, la escena de la asamblea popular, calcada a la que aparece en El viento que agita la cebada (2006) o la misma Tierra y libertad; o el retrato de un mundo incapaz de mejorar debido a la suma de nuestros egoísmos individuales, que se interponen como un muro cuando la cosa amenaza con involucrarnos en exceso. En el haber del tándem Bollain/Laverty hay que reconocer que no cae en la trampa del maniqueísmo, sino que los mismos personajes alternan momentos altruistas con otros lúcidamente egoístas, sin que podamos extraer conclusiones simplistas. El mejor ejemplo: las lágrimas que derrama el director de la película (Gael García Bernal) al leer algunos pasajes de su guión sobre la denuncia del esclavismo de facto que aplicaba la corona de España contrastan con su ceguera ante el drama humano que se desarrolla ante sus narices.

Así somos los occidentales: nos basta un rodaje de tres semanas en un lugar exótico, un rollito con alguna camarera de hotel, aprender cuatro palabritas de su idioma, hacer rimbombantes declaraciones para el making of y regresar a casa presumiendo de militancia y de haber salido modificados para bien de la experiencia. Lo paradójico es que ni Bollain ni su equipo escapan a la maldición de esa solidaridad sin consecuencias que denuncian. La escena de la despedida entre el productor (grandioso Luis Tosar) y el intérprete y líder de la revuelta (Juan Carlos Aduviri) resume perfectamente la doble moral que preside todo el opaco conglomerado formado por ONG, iniciativas empresariales e izquierdismos reciclados de militancia antiglobalización: el primero sabe que, a pesar de su gesto humanitario, no piensa implicarse en una lucha ciertamente justa, pero no puede evitar sentir emoción ante la suerte de Hatuey, que se queda allí --como él mismo reconoce-- «sobreviviendo». Bollain y los demás han hecho su película, la presentarán en festivales en los que se servirán cócteles; y mientras tanto, Aduviri seguirá en su país, malviviendo de los rescoldos de la fama que un rodaje extranjero le reportó. Quizá la única actitud posible sea la del personaje de Karra Elejalde: abiertamente egoísta, pero capaz de despertar de su letargo enolizado para decidir que, si las cosas vienen mal dadas, hay que afrontar determinados riesgos. Y de paso, ofrecer un poco de alcohol a los detenidos.

La película merece la pena por la sinceridad que late tras su dura exposición de actos y motivaciones: el mundo no se puede cambiar y es poco probable que las personas nos pongamos ello movidos por el altruismo (lúcido o ingenuo, tanto da). Hacer una película que lo denuncie es algo de lo poco que se puede hacer para paliar la impotencia de esta amarga verdad.

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