lunes, 11 de junio de 2012

Análisis rohmeriano de la infidelidad (El arte de amar)

Puede que Emmanuel Mouret haya querido ofrecer un compendio sobre las diferentes formas de amar, pero le ha salido un tratado sobre la infidelidad, sobre cómo --por mucho que nos esforcemos en adornarla, minimizar sus consecuencias o anular sus causas-- al final todo se reduce a esto: o eres infiel o no lo eres. Si lo eres vete despidiendo de tu pareja; y si no lo eres ya puedes ir ahogando tu deseo ajeno en lágrimas, alcohol, drogas, sublimación de instintos, estrés creativo y otras toneladas de excusas... La cosa es que tendrás que aguantarte o quedarte solo.

El arte de amar (2011) es una película original (teniendo en cuenta el tema que trata) pero descompensada. Parece que la cosa irá de película en episodios, al estilo Paris, je t'aime (2006), casi de microepisodios, pues los primeros son ciertamente breves; pero eso está bien, aporta originalidad y ritmo. Tras un prólogo bastante original (el compositor que enamora a otros con su música pero no escucha ninguna música que le enamore), resulta que los microrrelatos son en realidad escenas intercaladas de narraciones más amplias, un formato más habitual en este género. Lo más curioso es el tono rohmeriano que va adquiriendo la película, hasta reducir el catálogo inicial a tan sólo dos historias: montaje analítico, voz en off, anécdota moral, música clásica... Y por si fuera poco, unos créditos iniciales que son un calco bastante obvio (con otro tipo de letra, eso sí) de los que usa Woody Allen desde hace décadas.



La película parece no querer dejar ningún matiz del enamoramiento por desmenuzar, esforzándose por encontrar, mediante el recurso a casos extremos, la misma comunión de sentimientos que en cualquier historia romántica convencional. Pero la cosa se tuerce y deriva en dos variaciones contrapunteadas sobre la infidelidad (hacia el final, una sola): una sobre dos jóvenes enamorados que, para demostrarse a sí mismos su confianza mutua, deciden ser infieles avisando al otro, demostrando así una sinceridad ejemplar y evitando los fatídicos celos. La otra acerca de una mujer, felizmente casada, que cada vez se siente más insegura y halagada por el constante deseo que le declara su mejor amigo. Tanto insiste que al final, para satisfacerle sin rebajarse a ser infiel, diseña un alambicado ritual de encuentros del que sale algo más o menos previsible. Por el camino quedan otras historias más banales y/o menos trabajadas, con el humor como eje principal (la de François Cluzet); simple relleno en un filme donde la parte eclipsa al todo y en la que demasiados hallazgos de estilo suenan a déjà vú, aunque se agradecen. Echaba de menos un buen discípulo de Allen y Rohmer.




http://sesiondiscontinua.blogspot.com.es/2012/06/analisis-rohmeriano-de-la-infidelidad.html

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