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martes, 23 de enero de 2018

Un desconocido de la Iglesia (Perfectos desconocidos)

El estilo de Álex de la Iglesia se caracteriza por el exceso: en los guiones buenos y en los malos, en los recursos, en la elección del reparto... En Perfectos desconocidos (2017) no encontraremos a ese de la Iglesia pendular e irregular, sino a un director centrado, contenido y lanzado a explotar por las indudables virtudes del guión escrito por su colaborador habitual Jorge Guerricaechevarría. El límite, la pauta (como cada cual prefiera) para tanta contención virtuosa proviene de Perfetti sconosciuti (2016) de Paolo Genovese, con guión de Filippo Bologna, Paolo Costella, Paolo Genovese, Paola Mammini y Rolando Ravello, una original comedia que arrasó en Italia. Esta vez de la Iglesia ha estado ágil y rápido, sabiendo detectar la indudable calidad de la anécdota central, las posibilidades de adaptarla al sentido del humor español y de añadir a su filmografía un filme redondo; no tanto como La comunidad (2000), pero casi.



Porque Perfectos desconocidos es una película coralmente desequilibrada, aunque no en la suma de la mayoría de sus partes: el planteamiento de la situación, las interpretaciones de los protagonistas (destaco sobre todo a mi admirado Eduard Fernández), el ritmo vivo y natural en el desarrollo de la cena... todo esto encaja a la perfección y contribuye a que el público disfrute. Sin embargo, otros elementos deslucen la impresión final: la traca final sobre todo, pero también el malentendido principal de la historia (no quiero dar más detalles). Éste se sostiene ciertamente en un punto de vista social y moral bastante anticuado, pero quiero creer que es algo que se ha mantenido intacto respecto al original italiano (lo cual ya encaja mejor en mi teoría). Lo cierto es que proporciona buenos momentos de comedia de enredo, pero también lo es que se hace a costa de algunos tópicos de vodevil. No es el estilo al que nos tiene acostumbrados de la Iglesia, pero en cualquier caso a él le sirve para demostrar su buen oficio.

En definitiva, no es la mejor película de su director, pero sí de lo más homologable que ha producido el cine español durante 2017: entretenimiento, originalidad, humor, contención... Un moderadamente desconocido Álex de la Iglesia.


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