Translate / Tradueix / Traducion / Übersetzen ...

miércoles, 16 de julio de 2008

¿Qué fue de Dogma 95? (1)

Hace tiempo que ningún cineasta se molesta en rodar películas bajo esta denominación de origen. ¿Eso significa que podemos hacer un balance aprovechando el paréntesis veraniego y preguntarnos qué ha sucedido? Para responder de forma rádipa y sencilla: yo creo que el movimiento Dogma 95 simplemente ha dejado de estar de moda. Así que aprovechando que ya no está en el candelero me dispongo a hacer un repasito de sus glorias y miserias; pero como quiero decirlo todo y que me quede muy bien lo haré en dos posts.

Empecemos la autopsia aportando la información habitual en estos casos (nacimiento, filiación, características externas...); a pesar de que se pueda consultar en Wikipedia o en cualquier sitio un poco especializado en cine yo prefiero ofrecerla aquí bien resumidita: Dogma 95 nació en Copenhague (Dinamarca) el 13 de marzo de 1995, apadrinado por los cineastas Lars von Trier, Thomas Vinterberg, Kristian Levring y Soren Kragh-Jacobsen. En pocas palabras, consistía en una propuesta estética que se autolimitaba conscientemente para obtener un cine más auténtico y libre. Consecuentes con esta idea-fuerza de la autolimitación (voto de castidad lo llamaban ellos en un rasgo de claras resonancias calvinistas, no sé si con un propósito irónico o no), publicaron un decálogo en el que defendían las bondades de la "castidad cinematográfica", a la vez que renunciaban a la tentación de cometer pecado empleando determinados recursos de estilo (el flashback o la fotografía en blanco y negro eran anatemas de los que abjuraban convencidos) o decidían ceñirse a determinadas formas de narración (los géneros clásicos eran caca, la narración que no fuera en tiempo real y en el presente también). El decálogo Dogma 95 establecía que:

1. El rodaje debe realizarse en exteriores. Los accesorios y decorados no pueden ser construidos (si un elemento en concreto es necesario para la historia, será preciso elegir un exterior en el que se encuentre de forma natural).

2. El sonido no debe ser producido de forma separada de las imágenes y viceversa. No se puede utilizar música, salvo si la fuente que lo produce está presente en la escena.

3. La cámara debe sostenerse con la mano. Cualquier movimiento --o inmovilidad-- conseguido con la mano está autorizado.

4. La película tiene que ser en color. No se acepta iluminación especial (si hay poca luz, el rodaje debe ser detenido, o bien montar una fuente lumínica sobre la cámara).

5. Los trucajes y filtros están prohibidos.

6. La película no debe contener ninguna acción superficial (muertos, armas, etc., en ningún caso).

7. Los saltos temporales y geográficos están prohibidos (la película debe suceder aquí y ahora).

8. Las películas de género no son válidas.

9. El formato de la película debe ser 35 mm.

10. El director no debe aparecer en los créditos
.

Únicamente haré dos observaciones menores y un comentario repelente a semejante propuesta: a) ¿A qué viene conceder, de forma excepcional, una luz sobre la cámara? Los soportes fotográficos conocidos en 1995 permitían rodar en condiciones totalmente desfavorables. b) No existe ningún filme reconocido oficialmente como Dogma 95 que cumpla todos los requisitos: sin ir más lejos, el famoso plano del filme inaugural del invento --Celebración (1998)-- en el que la cámara describe un arco de 180º sobre el protagonista tumbado en la cama (de forma tan chapucera que en el espejo que hay al fondo se ve al operador) se rodó usando una pértiga, cuando el apartado 3 especifica claramente que la cámara y todos los movimientos que describa se deben efectuar con la mano.



Al fin y al cabo, como ellos mismos habían redactado las normas no había problema en hacer la vista gorda y colar sus producciones como modelos a seguir. Esto sucede en todos los gremios, así que no nos escandalicemos y relativicemos buena parte de la trascendencia y los supuestos logros del Dogma 95 como método para conseguir un cine más simple y auténtico. En realidad, poco importaban esas minucias: las limitaciones autoimpuestas eran una forma de distinguirse como escuela; lo realmente patético fue cuando los padres del manifiesto rechazaron a algunos ingenuos aspirantes al sello Dogma 95 tomándose la molestia de relacionar todos aquellos aspectos del filme en los que el novato se había desviado de los preceptos.

Y ahora el comentario repelente: si hemos de ser consecuentes, cuando un personaje muriera en una película Dogma 95 el actor que lo interpretaba debería morir de verdad. Eso sí que sería cine auténtico capaz de levantar una considerable polvareda.

Los manifiestos poseen una gran tradición en el mundo del arte, así que los diez mandamientos Dogma 95 fueron recibidos con interés por la crítica y con curiosidad por el público un poco entendido. Por muy artificial que pudiera parecer semejante declaración hay que admirar su valor al lanzar una propuesta concreta con el objetivo de dinamizar la creación cinematográfica. Incluso al gremio de cineastas le hizo gracia el reto: desde muy diversos lugares llovieron solicitudes de certificado Dogma 95 para sus películas, con el aliciente de ser la primera de tal o cual país en recibir semejante honor. Y es que, aunque parezca mentira, había un certificado Dogma 95 para cualquier filme que cumpliera los requisitos, sobre cuyos principios "juraban" (así constaba en el diploma que se les expedía), de forma un tanto infantil, haber acatado todas las normas establecidas.

El público, aunque no reaccionó mal, se cansó pronto de estas chorradas. Además, los primeros títulos --rodados precisamente por los autores del manifiesto-- eran bastante superiores en calidad a los que vinieron después: la citada Celebración de Thomas Vinterberg y Los idiotas (1998) de Lars von Trier tuvieron una difusión bastante internacional y ganaron varios premios, consiguiendo levantar parte de la polvareda esperada y haciendo que la denominación de origen Dogma 95 se pusiera de moda en los medios. En este sentido fue una jugada perfecta de los daneses. En cambio, debo decir que no cuadra mucho el ceremonial burócrata de la entrega de un certificado de autenticidad con una actividad ligada a la creación, a no ser que estemos hablando de museos, los depósitos de cadáveres de la historia del arte.

(continuará)
Publicar un comentario

Me gusta

Otros textos relacionados (o no):

Plugin para WordPress, Blogger...