Translate / Tradueix / Traducion / Übersetzen ...

jueves, 2 de julio de 2009

PDG (Pijos Disturbios Generacionales) (LOL. Laughing Out Loud)

Confieso que los cinco primeros minutos de LOL (Laughing Out Loud) (2008) prometen: desparpajo, posmodernismo, ironía, estilo, originalidad...; dando la impresión de que el resto se encarrilará por la vía Juno (2007). Veinte minutos después uno asume que los tiros no irán por ahí. El detalle que te arranca la venda de los ojos es la ausencia de contexto social: en LOL (Laughing Out Loud) sólo caben los problemas entre padres cuarentones de profesiones liberales (arquitectas, ministros...) y sus hijas delgadas y guapas y sus hijos alternativos y modernillos. La diferencia es abismal frente a La clase (2008), de Laurent Cantet, donde los problemas estrella (cortocircuitando constantemente la historia) son los efectos colaterales de la diversidad cultural y el desinterés individual en el aula. Cuando abandoné la sala, y a medida que transcurrían las horas, me di cuenta de que mi impresión global de la película se iba enfriando. Y sin embargo admito que me gustó. ¿Qué pasa aquí?

En primer lugar, es necesario recordar que el cine francés sabe evitar muy bien el sentimentalismo, el sensacionalismo, el costumbrismo y tantos otros ismos (en los que vive atrapado, sin ir más lejos, gran parte del cine español), y que LOL (Laughing Out Loud), aunque parezca un filme de estudiantes en celo, pone en evidencia las incoherencias y dobles morales de unos adultos --más conocidos en este blog como puretas ochenteros-- hoy en pleno esplendor social pero con graves problemas para orientar sus vidas y encauzar de paso las de sus hijos. Esto resulta evidente a pesar de que las aventuras y desventuras de unos adolescentes guapos y ricos estilo HSM a la europea monopolizan la mayoría de las escenas cruciales. Es obvio que atrae mucho más reírse, escandalizarse o reflexionar acerca de los escarceos con los límites de unos adolescentes que encarar directamente la crisis de autoridad y metas de sus padres (eso sonaría a coñazo y podría resultar contraproducente para la taquilla). O dicho de otro modo: esta estrategia es un síntoma inequívoco de hasta qué punto nuestra generación rinde culto a la juventud; o peor aún: hasta qué punto nos consideramos jóvenes como para atrevernos a retratar un universo al que --por definición-- tenemos vetada la entrada.



El mérito de Lisa Azuelos --directora y guionista-- es sacudirse estas acusaciones de encima y lanzarse de lleno a contar su historia. Los montajes alternados de las conversaciones de padres e hijos son el principal hallazgo de estilo: por separado demuestran que unos y otros hablan de los mismos temas pero desde perspectivas y convicciones diametralmente opuestas. Luego, cara a cara, los silencios cómplices y las mentiras son la norma, con el agravante de que los adultos ocultan tanto o más que los adolescentes. Todo presentado con un humor superficial e inteligente y algún que otro gag brillante (en general, los relacionados con el personaje del policía, pero sobre todo el del pollo y la web-cam). Cualquier estrategia es buena para alejarse de un género demasiado transitado últimamente y que se asocia peligrosamente con el sermón cada vez que alguien encara de frente los conflictos generacionales. El final, en cambio, es la parte más convencional: aparte del espejismo de una momentánea reconciliación generacional, está el cierre de la historia principal de una forma simplona y acaramelada. Cada cual queda felizmente emparejado con el más parecido por aspecto, carácter y/o estatus social (el guapo con la guapa, el creativo con la prota, el fumao con la zumbada, el machista con la putón...), la misma sociedad de iguales que predicaba cualquier episodio de Vacaciones en el mar (1977-1986). Aun así, en conjunto, el guión de LOL (Laughing Out Loud) sabe redirigir el argumento desde la amenaza de un filme más de adolescentes y apuntar donde duele: directamente a la doble moral que nos caracteriza como padres.

Escribo desde un país en el que mi generación fue la primera en disfrutar de un ocio nocturno como estilo de vida y negocio consolidado; desde entonces es un componente reconocido y aceptado en la socialización de la juventud. Sin embargo, las convicciones que defendemos para nosotros y que experimentamos desordenadamente a los veinte tienen otro valor y diferente planificación cuando se trata de nuestros hijitos e hijitas: drogas (blandas, por supuesto), sexo, informalidad, permisividad, tecnología, modales... La madre de Lola (una Sophie Marceau que desprende un morrrrbo que te pasas) es una ingenua, como la mayoría de nosotros, al pensar que todas aquellas cosas que en su juventud eran políticamente incorrectas aunque divertidas (y cuya influencia dependía en buena parte de un criterio personal) se pueden introducir ordenadamente en las vidas de unos hijos aún más preparados y vulnerables. No es la comedia del año (como afirma la publicidad) pero puede que sí sea la aportación más original al género en doce meses.
Publicar un comentario

Me gusta

Otros textos relacionados (o no):

Plugin para WordPress, Blogger...