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martes, 16 de abril de 2019

El boom del ebook y lo eficaz conocido (Dobles vidas)

Después de la extraña e inclasificable Personal shopper (2016), parece que Olivier Assayas ha retomado su estilo narrativo y su tipo favorito de historia: crónicas entrecruzadas de adultos de clase media-alta parisina en plena crisis de lo que sea (sexo, amor, trabajo, creatividad, balance vital, tiempo pasado...). Imagino que porque los guiones le salen así, porque se siente cómodo, porque el público y la crítica reaccionan favorablemente, o porque no encuentra otra manera de contar sus inquietudes.

En Dobles vidas (2018) Assayas ha querido encajar sus propias reflexiones sobre la digitalización y sus efectos en nuestra generación híbrida (a medio camino entre una juventud analógica y una incomprensible fe del converso maduro ante las bondades de la digitalización total), usando una vez más a los grupos de urbanitas pastosos que suelen poblar películas suyas como Finales de agosto, principios de septiembre (1998) o Las horas del verano (2008). Sus reflexiones no son generales ni superficiales, al contrario, se dirigen a un sector muy concreto: el mundo editorial y el impacto que supuso hace unos pocos años el libro electrónico (probablemente debió escribir el guión hace más o menos un lustro, en pleno boom del ebook; hoy, en cambio, al ver el filme, sabemos que esa disrupción traumática no se ha cumplido, más bien se ha diluido bastante en favor del papel). En medio de este cambio de paradigma, los editores, los autores, los cónyuges de los editores y los autores, los culturetas, los blogueros y algún que otro lector/a de a pie tienen algo que decir, y Assayas deja caer sus ideas y pensamientos por sus bocas en esas clásicas reuniones y sobremesas del cine francés, repletas de buenos diálogos y escenas cómodas de ver. Lo que me sorprende es la capacidad analítica y de síntesis de los diálogos para expresar cada uno de los puntos de vista enfrentados; ¡Ójala las tertulias de la vida real fueran tan concretas, directas y educadas!



El segundo gran eje de la película es la comedia, pero no brilla demasiado: no hay gags ni situaciones cómicas claramente elaboradas, sino unas pocas réplicas verbales al hilo de las numerosas escenas de conversación; todo muy al estilo Woody Allen, pero sin el añadido de escenas perfectamente engarzadas en una historia cuyos personajes sostienen toda la comicidad. En Dobles vidas no hay nada de eso, sino que los dos ingredientes básicos de la película --la reflexión crítico-burguesa y el humor-- van por libre, sin preocuparse de coordinar momentos cumbre o contrastes llamativos. El resultado es un filme que refuerza los peores tópicos del cine francés (especialmente a los que nos les gusta), que hace pasar un buen rato a los que echan de menos los grandes clásicos de Allen, y congratula a los que echábamos de menos al Assayas de los comienzos de su filmografía.


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