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jueves, 16 de agosto de 2007

Yo estaba allí

Las posibilidades que tengo de poder ver en vivo y en directo a una estrella de Hollywood son más bien escasas, tendentes a nulas. Ahora bien, una información adecuada, una casualidad y la tenacidad de una amiga, pueden conseguir que de pronto te encuentres a cinco metros de Woody Allen, disfrutando de una cena ligera, mientras él se relaja (¿o está pensando acaso en las escenas que rodará al día siguiente?) tocando el clarinete.

Aunque los medios lo anunciaron a finales de julio como una actuación improvisada e inesperada, lo cierto es que Woody Allen ha estado tocando regularmente en el Hotel Casa Fuster de Barcelona prácticamente desde que llegó a la ciudad. Durante el día rodaba su proyecto español todavía sin título y luego, las noches en que el cuerpo se lo pedía, se acercaba a la Casa Fuster para no perder la costumbre de sus veladas de lunes en el Café Carlyle de Nueva York. En el cartel y en las entradas únicamente se anuncian Eddy Davis y Conal Fowkes, de la New Orleans Jazz Band, pero todo el mundo sabe lo que eso significa: la posibilidad de compartir dos horas de música con una celebridad única en su género.



En un ambiente recogido, relajado, discretamente restringido, de pronto me encuentro ante uno de los mitos vivientes del cine mundial. Es imposible no sentirse de alguna manera afortunado. Y aunque uno se da cuenta de que se trata de una contribución más para alimentar el aura del Allen cineasta, no deja de tener su encanto. Allen es el mismo tipo rarito que interpreta en sus películas, aunque esta vez el personaje va de un intelectual estadounidense que se aproxima al ambiente cultural europeo porque sus películas son mejor recibidas aquí (y de paso demuestra a sus compatriotas que se equivocan). El público lo entiende así y lo agradece expresando su admiración incondicional desde el minuto cero.

Como diría el Woody más hipocondríaco, de pronto es como si me sobreviniera un ataque de alexitimia: ahí tengo, ante mí, al creador de Annie Hall y otros títulos fundamentales, y ya no sé qué más decir. Paso por alto su estilo "milesdavisiano" (sentado, sin levantar la vista del suelo, sin dirigirse para nada al público y apenas a sus compañeros de banda), paso por alto la buscada escenificación de este momento cazado al vuelo... Lo paso todo por alto porque yo estaba allí.
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