Translate / Tradueix / Traducion / Übersetzen ...

martes, 1 de abril de 2008

Hemoglobínico Burton (Sweeney Todd, el barbero diabólico de la calle Fleet)

Ya lo escribí en otra parte (no recuerdo dónde): odio el musical. Pero una película de Tim Burton --aunque sea un musical-- hizo que dejara los prejuicios en casa por un ratito.

El musical, por otro lado, como todos los géneros, tiene sus normas, aunque a diferencia del resto es muy difícil subvertirlas, renovarlas o ponerlas al límite sin salirse del género mismo: a veces quieres hacer una adaptación novedosa y rompedora de un espectáculo clásico y, nada más salir de los caminos narrativos ampliamente trillados, de pronto te encuentras en el bosque petrificado del cine experimental (o raro sin más). En este sentido Tim Burton era perfectamente consciente del tipo de película que quería hacer, de manera que Sweeney Todd, el barbero diabólico de la calle Fleet (2007) no es un musical rompedor.



Por si fuera poco, en un musical no hay mucho margen para la improvisación formal: tienes que contar una historia (todas lo hacen), intercalar cada tanto las canciones y dejar que los actores canten en lugar de hablar. Eso es lo que ha hecho Burton, sin intentar darle la vuelta a un argumento --el barbero asesino que convertía a sus víctimas en empanadas de carne-- que ha demostrado sobradamente su eficacia en los escenarios (la versión de Stephen Sondheim y Hugh Wheeler es de 1979). Aun así, ha encontrado elementos a los que imprimir la marca de la casa: el contexto de la historia --Londres en el siglo XIX-- se presta como ninguno a una dirección artística de esas a las que Burton nos tiene acostumbrados (eso ya es algo si el musical no es lo tuyo). Pero no nos desviemos: lo verdaderamente importante es la partitura musical. Y ahora viene la pregunta del millardo de euros: ¿Y si la banda sonora no fuera tan excepcional? No todos los miles de espectadores que la aclamaron a ambos lados del Atlántico pueden estar equivocados, que manera que cabe preguntarse qué habría sido de una adaptación cinematográfica de Sweeney Todd, el barbero diabólico de la calle Fleet con una música mediocre. Ya os lo digo yo, no os preocupéis: pues se habría convertido en un filme chorreante de hemoglobina más cerca de Hostel (2005) que de Moulin Rouge! (2001).

Apenas hay en este filme margen para los entrañables protagonistas perturbados de Burton, llenos de extraños detalles encantadores, tan sólo venganza, sangre (muuucha sangre) y canibalismo. ¿El amor? ¿La pureza? Sí bueno, los dos tienen su pequeña cuota en el argumento, pero más que nada para tranquilizar las conciencias o pulir las aristas de una historia que si ha mantenido su éxito desde el siglo XIX se debe a que, entre sus diferentes versiones y formatos, ha sido capaz de reunir algunos de los más importantes arquetipos de la cultura popular de toda la vida: morbo, aniquilamiento de ricos y poderosos, triunfo de la virtud (aunque sea colateralmente)... No sigo porque el filme no da para tanto, pero a poco que uno quiera profundizar verá que es así.

En fin, que Tim Burton quizá haya conseguido llevar a la pantalla una historia que le fascinaba, le obsesionaba o simplemente se adaptaba a su cine como un traje a medida; pero después, en la pasarela y bajo los focos, a mí me parece que no luce mucho.
Publicar un comentario

Me gusta

Otros textos relacionados (o no):

Plugin para WordPress, Blogger...