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miércoles, 23 de julio de 2008

¿Qué fue de Dogma 95? (y 2)

Corto (16/07/2008): ¿Qué fue de Dogma 95? (1)

Antes de seguir desmenuzando el movimiento Dogma 95, ayudémonos a situar el fenómeno con un ejemplo del pasado: el Nouveau roman francés, una especie de escuela o generación literaria, bastante menos estructurada que el Dogma 95. Aun así poseen algunas similitudes importantes: además de tener una fecha de nacimiento conocida --en París el 22 de mayo de 1957, cuando el crítico literario Émile Henriot empleó esta expresión en el diario Le Monde al comentar las novelas de Alain Robbe-Grillet La celosía y Tropismos de Nathalie Sarraute-- también se funda con un manifiesto (Por una nueva novela, publicado en 1963) escrito por el mismo Robbe-Grillet. El Nouveau roman es una etiqueta de tantas que alcanzó un imprevisto éxito mediático y social, como pasó con la Novela negra, que tomó su nombre por casualidad de una colección que se identificaba con ese color publicada por Gallimard y cuya temática correspondía con la que hoy todos asociamos a este género, tanto en el cine como en la literatura. Algo parecido sucedió con la Física y la Metafísica de Aristóteles, pero eso queda para otro post.

El Nouveau roman no se deja acotar tan fácilmente como el Dogma 95, ya que cada experto incluye en esta tendencia a autores diferentes (desde Robbe-Grillet hasta el Nobel de 1985 Claude Simon, pasando por escritores tan heterogéneos como Michel Butor, Sarraute, Marguerite Duras, Robert Pinget o Uwe Johnson). Aun así, el concepto que ha calado, visto con la perspectiva de décadas, ha dejado tras de sí una serie de narraciones con una fuerte carga experimental en las que el principal objetivo era poner contra las cuerdas el modelo de narración literaria tradicional. Y para ello se servían de todo tipo de técnicas: desorden temporal, multiplicidad de puntos de vista, uso de esquemas, inserción de formatos o documentos no narrativos, un peculiar y no siempre explícito compromiso político (eran tiempos agitados debido a la descolonización de Argelia, los debates sobre el capitalismo, el comunismo, el liderazgo ideológico de la URSS...), anécdota mínima y/o altamente introspectiva...

El balance artístico del Nouveau roman ha quedado estrechamente ligado al momento político e ideológico que le tocó vivir (la posguerra europea), y sus obras están asociadas a problemas muy alejados de los temas que suelen interesar al gran público. Porque vamos a ver ¿cuánta gente valora como se debe El año pasado en Marienbad (1961), por cierto un guión de Robbe-Grillet, el filme que sin duda es el mejor exponente del Nouveau roman cinematográfico? No veo muchas manos levantadas... ¿Y a cuántos les parece esa misma película una pedantería? Ahora sí, ya podéis bajarlas. En lo formal, tampoco puede decirse que sus descubrimientos fueran asumidos por otros autores (incluso cineastas) posteriores, ya que el desorden narrativo era un recurso habitual en muchas novelas y películas anteriores. ¿Que nos queda? Los temas. Vistos con suficiente distancia me parecen un montón de dilemas sobre la identidad y la coherencia de unas personas que tenían su vida perfectamente resuelta, sin necesidad de trabajar por cuenta ajena. Gente que se permitía pontificar sobre acontecimientos que, para ellos, eran simples titulares de periódicos. Los autores del Nouveau roman no se distinguieron precisamente por su praxis política; al contrario, escribieron tan calentitos desde sus casas sobre un mundo que otros debían cambiar guiados por sus preclaros análisis. En cuatro palabras: revolucionarios de mesa camilla.

Ahora me pregunto: ¿El movimiento Dogma 95 ha evolucionado de forma paralela? Si atendemos a los temas lo cierto es que no están muy alejados de los de sus colegas escritores; siempre con personajes al límite incapaces de reaccionar con sentido común (la irrealidad y el extrañamiento son la pauta). Las imposiciones del decálogo produjeron un cine de lo cotidiano al que se le añadían anécdotas extravagantes para hacerlo más atractivo, aunque al menos el humor fue una constante casi siempre presente. En lo formal, destacar el uso habitual (por afinidad) del plano-secuencia y un estilo cuidadosamente descuidado (fruto de las condiciones de rodaje). Sólo mencionaré Italiano para principiantes (2000) y Érase otra vez (2000), el primer filme español que obtuvo el certificado Dogma 95, porque en la web oficial está el listado completo con las 266 películas oficiales del movimiento, incluyendo aportaciones de EE UU, Israel, Turquía, Corea, Argentina, Noruega, Francia, México, Brasil... Atentos a la número 185: Pollos escleroformes, yo creo es un error o una gansada.



Ha sido después, una vez que el movimiento como tal había sido abandonado hasta por sus fundadores, cuando han surgido las mejores propuestas cinematográficas, gracias a que han sabido sacudirse la rigidez de las normas para combinar lo mejor de la narración tradicional con los aciertos "dogmáticos": en primer lugar Dogville (2003) y Manderlay (2005) con su impresionante puesta en escena y su crítica de gran calado; pero también Después de la boda (2007) y El jefe de todo esto (2007) por su sensibilidad y su humor ácido en los que se insertan pequeños hallazgos formales ideados para potenciar (no siempre con éxito) escenas clave. Yo creo que Dogma 95 sale mejor parado que el Nouveau roman.

Ahora que la fiebre Dogma 95 parece que ha pasado, von Trier es el único cineasta ligado a aquel experimento que sigue rodando películas de éxito. Es algo parecido a lo que le sucedió a David Bisbal con el fenómeno Operación Triunfo: muchos han tratado de seguir su estela y saltar a la fama gracias al concurso de la televisión, pero sólo unos pocos han conseguido instalarse en el negocio con garantías. Independientemente de su valía y su calidad como cantante, que en eso no me meto, buena parte de su éxito hay que atribuirlo al azar de formar parte de la primera promoción, cuando el mercado no estaba saturado de aspirantes ni el público cansado de asistir al proceso de fabricación de estrellas como si de una cadena de montaje de automóviles se tratara. Ya lo dice el refrán: el que da primero da dos veces. Yo creo que von Trier ha salido beneficiado de su experiencia Dogma 95, sin ella no sería el gran cineasta que es hoy.
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