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lunes, 24 de noviembre de 2008

Bond recalibrado y cabreado (Quantum of solace)

No soy un seguidor demasiado entusiasta de las aventuras del agente 007 al servicio de Su Majestad, pero por fortuna entre Daniel Craig --el más convincente de los intérpretes y creo que el más adecuado para los tiempos que corren-- y Paul Haggis le están dando un repaso para bien a uno de los mitos cinematográficos por excelencia. Quantum of solace (2008) se perfila como la primera de una nueva etapa marcada por cambios radicales (que ya venían haciendo falta).

Desde que quedó atrás la etapa de Sean Connery, la serialización fue haciendo estragos en los guiones, que se rodaban sin apenas variaciones: créditos iniciales amerados de siluetas femeninas presentando la canción de la película, prólogo más o menos trepidante y sorprendente, visita al cuartel general para ponerse al día de las últimas novedades tecnológicas (después convenientemente utilizadas) y recibir instrucciones, interludio humorístico con Miss Moneypenny, desbaratamiento de los malvados planes de Spectra (ahora Quantum) y el Dr. No y, finalmente, "embarazosa" felicitación a Bond por parte del primer ministro o el jerifalte de turno mientras --qué casualidad-- se pasa por la piedra a la coprotagonista, que se ha resistido durante todo el filme. Un formato acartonado y aquejado de esclerosis múltiple que requería una serie de transplantes urgentes y radicales.



La esencia misma del personaje (un gentleman culto y refinado que sabe comportarse en ambientes selectos entre personas importantes y que además es capaz de manejarse con toda soltura entre asesinos, espías y delincuentes comunes; eso sin olvidar su irresistible encanto entre las mujeres sin hacer prácticamente nada) estaba francamente anticuada, y a acelerar esta sensación de desfase ha contribuido sin duda el enfoque --aparentemente más realista y verosímil-- hecho de violencia física y perfil humano que propuso en su momento la saga Bourne (2002, 2004, 2007). Finalmente, si a todo esto le añadimos una serie poco afortunada de actores para interpretar el papel --el inexpresivo Moore y el histriónico Dalton; exceptuando a Connery, que le daba otro aire y además eran otros tiempos-- la cosa no mejora en absoluto. Incluso Brosnan parece un vestigio del pasado en comparación con Craig.

Hay que reconocer que los productores han acertado de pleno, aunque el primer acierto consistió en confiar los diálogos de Casino Royale (2006) a Paul Haggis, el cual se lo pasó tan bien que ahora repite en Quantum of solace, esta vez formando equipo con los mismos guionistas de la predecesora. Este nuevo Bond, aparte de estar cabreado, muy cabreado, aparece renovado en la mayoría de sus tics: para empezar sufre por la pérdida de la mujer amada (el filme retoma la acción en el punto donde la dejó Casino Royale) y no sucumbe a las que se le insinúan descaradamente (bueno, a alguna sí), y aunque el anunciado lado humano que venden los productores no asoma por ninguna parte (la acción no lo permite) al menos sus motivaciones sí que son más personales. Y para terminar de adobarlo, un poco de desafío a la autoridad, que eso nunca viene mal; de manera que esta vez M deberá confiar más en la persona que en el agente. Bond hace su trabajo sin concesiones, sin cebarse en el picoteo social, sin cócteles agitados en lugar de mezclados ni exhibición de conocimientos avanzados de sigilografía y sin flirteo irreal. En Quantum of solace hay acción a raudales hecha a base de brevísimos planos y efectos de sonido atronadores (increíble escena inicial, aunque sin superar el prólogo de Casino Royale), efectos digitales, peleas cuerpo a cuerpo y mucho mobiliario destrozado, como exigen los tiempos y el público... Incluso hay unos inéditos planos a cámara lenta y sin sonido ambiente, estilo Peckinpah y su violencia distante. En medio de todo esto se intercalan esas escenas necesarias para hacer avanzar el argumento (algunas un tanto enrevesadas debido a unos diálogos excesivamente veloces) sin permitir que decaiga el ritmo, lo contrario de lo que ocurría con Casino Royale, donde a una primera parte percutante le sucedía una segunda que perdía buena parte del interés inicial. Esta vez los momentos cruciales están mucho mejor repartidos --atentos al montaje creativo de la escena en la ópera--, y el epílogo ofrece una imagen de un James Bond, esta vez sí, más humano, no el acartonado icono ofrecido por sus predecesores (y con esto me refiero a los productores, los guionistas y los directores, no sólo a los intérpretes). En definitiva, visto lo visto yo voto porque haya Daniel Craig y Paul Haggis para rato.

La recomiendo a todos los que les gustó la trilogía de Bourne, sean o no fans del personaje de Ian Fleming; el entretenimiento está garantizado. La buena noticia es que Craig ya ha firmado para otros dos filmes, de uno de los cuales me he permitido sugerir un argumento, gracias al concurso que patrocina el diario El País. Si gano prometo revelarlo.
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