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lunes, 4 de mayo de 2009

Mi eterno «Adiós, desde la butaca, a Audrey»

La vida no imita a la literatura mediocre ni al cine malo, imita al psicoanálisis barato. ¿Cómo explicar si no que un simple reportaje de quince minutos haya tenido una influencia tan desmesurada sobre mis gustos cinematográficos, mi carácter, incluso sobre mi libido? Yo sería hoy otra persona si no lo hubiera visto.

Pues sí, niños y niñas, la casualidad hizo no sólo que viera un (luego mítico) reportaje sobre Audrey Hepburn --se estaba emitiendo un ciclo de sus principales películas-- un jueves de tantos en aquel fantástico programa de actualidad cultural de La 2 llamado Fila 7, sino que además lo grabara en vídeo (por seguridad y debido a los incumplimientos de horarios siempre programaba mis grabaciones con unos márgenes previos y posteriores exageradísimos). Esa grabación se ha conservado hasta hoy gracias a sucesivos repicados (por eso las imágenes tienen tan mala calidad), pasando de una cinta a otra y finalmente al disco duro. Pero lo más importante es que siempre ha estado vigente en el trastero de mi cerebro; de manera que hoy, después de tantos años, he encontrado la tecnología y la plataforma adecuadas para compartirlo con todo el mundo:


Audrey era una chica cómica from Sesion discontinua on Vimeo.

El reportaje se nota improvisado, aprovechando las secuencias disponibles en la sala de montaje, con textos reiterativos y conceptos bastante inconexos y traídos por los pelos, pero algo debía haber en la combinación de todos esos elementos --y la posibilidad que tuve de verlo una y otra vez, no nos engañemos-- que provocaron, estoy convencido, que mis preferencias femeninas se adaptaran con pasmosa exactitud al patrón establecido por Audrey. Estoy seguro de que también influyó el momento en que me pilló (1984 ó 1985), en plena consolidación de mi incipiente cinefilia y la necesidad que siempre me ha caracterizado de recolectar modelos y fetiches para desmenuzarlos y exhibirlos; pero lo que todavía me sigue asombrando es su vigencia: aún me fascinan las mujeres-gacela al estilo Hepburn, y la mayoría de sus películas (lo cual no impide que algunas me parezcan aborrecibles, por muy perturbadora que luzca su protagonista, como Mansiones verdes o Una cara con Ángel) me siguen pareciendo encantadoras: Dos en la carretera, Desayuno con diamantes, Sabrina, Charada... Y lo más curioso: he conseguido que mi hija asuma que Audrey es un icono para mí y se preocupe de señalarme una foto suya cuando aparece en una revista, o pasan una de sus películas en la tele (una vez me llamó para decirme que estaban poniendo Desayuno con diamantes). Ya me la imagino de aquí a unos años obsequiándome con un libro donde otro fascinado autor/admirador vuelve a desmenuzar su asimétrica biografía, sabiendo que tendrá el éxito asegurado.

Por si todo esto no fuera suficiente, la canción elegida como banda sonora del reportaje --La vie en rose, en la versión interpretada por Grace Jones-- ha puesto música a mi imagen mental de Audrey, haciendo que la nostalgia de su juventud se exprese con más intensidad a través de sus ochenteras notas. Y para acabar de rematarlo, algunos fragmentos del guión de Gerardo Bellod (autor del reportaje), forman parte de los cimientos de mi sensibilidad (extra)cinematográfica. Ahí van unos cuantos: «Ella empezó a hacer papeles de cenicienta, con el pequeño detalle de que nadie recogía su zapato»; «Tuvo una especie de vicio, necesidad o costumbre de acercarse al mundo a través de un balcón o una ventana [...] era en la primera parte de sus películas; cuando llevaba una especie de modelo de pobre diseñado por la alta costura»; «En sus películas conserva un aspecto moderno aunque el tiempo pase».

Pero son las palabras que resuenan en la escena final (muy bien escogida, por cierto, a pesar de que el galán sea el soso Ben Gazzara), de las que ignoro si su autor era consciente de estar verbalizando algo tan intangible como el fetichismo cinematográfico, las que mejor expresan las sensaciones que le asaltan a uno cuando es consciente del tiempo transcurrido y se abre paso una tristeza agridulce. En esos momentos privilegiados me doy cuenta de que mis actrices favoritas han envejecido y no basta que otras más jóvenes vengan a sustituirlas (tú siempre serás la primera Audrey). A continuación despierto en la oscuridad de la sala, viendo cómo otra película se me acaba, y las recito mentalmente: «Y, ahora, cuando se despide en su más pura tradición, volvemos a recordar las veces --las muchas veces-- que nos despedimos de ella, que dijimos adiós, desde la butaca, a Audrey».

Hoy, 4 de mayo de 2009, se cumplen 80 años del nacimiento de Audrey Hepburn.




http://sesiondiscontinua.blogspot.com.es/2009/05/mi-eterno-adios-desde-la-butaca-audrey.html


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