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martes, 7 de septiembre de 2010

¡Puro impacto! (The karate kid)

Will Smith es un hombre conservador --muy, muy conservador-- al que la paternidad ha reforzado aún más en sus convicciones más tradicionales: aupado por Hollywood gracias a una serie de bien escogidos taquillazos, cuando le llegó el turno de poder escoger optó por el drama familiar al más puro estilo ¡Qué bello es vivir! (1946), apostando sin rubor por una historia sobre la superación de las dificultades, la necesidad de mantener fuertes los lazos familiares y bla, bla, bla... En busca de la felicidad (2006) --un filme controlado de arriba a abajo por Smith y coprotagonizado por su hijo en el papel de su hijo-- es un drama de los de antes, concebido desde la necesidad de fortalecer una moral y un estilo de vida amenazados interior y exteriormente (casualmente los de la era made in Bush jr.); y rodado con un estilo obvio y enfatizador en exceso, más propio del telefilme televisivo de sobremesa que de una obra cinematográfica. A pesar de tanto prejuicio, admito que Will Smith está bien asesorado y/o conoce bien al público al que se dirige, porque sólo en España la película recaudó más de seis millones de euros.



Ahora le toca el turno a la carrera de su hijo Jaden, para quien su padre ha producido un filme a su medida: desde un punto de vista estrictamente cinematográfico, The karate kid (2010) es un filme de argumento plano y maniqueo que escarba en los sentimientos más primarios del espectador, una experiencia cuidadosamente diseñada para provocar las reacciones esperadas en cada situación. Una película que se propone conmover, y a ese objetivo supedita todo lo demás, absolutamente todo. Rodada en una aparentemente moderna y normalizada China comunista, narra la historia de un jovencito que encuentra en el kung-fu la solución de todos sus problemas (familiares, escolares, sentimentales, socializadores). Y poco más: personajes y escenas construidos exclusivamente a base de tópicos, bonitas y sugerentes secuencias de montaje, escalada de emoción tan previsible como eficazmente dosificada, simplicidad, entretenimiento funcional, emotividad visceral...

The karate kid adapta un éxito ochentero que atraerá a más de un retrofan despistado, incluye a un consagrado Jackie Chan en el papel de desengañado maestro, un argumento basado en el imaginario adolescente capaz de enganchar a la audiencia juvenil, un poquito de superación de traumas del pasado (fortalecimiento de lazos familiares, establecimiento de objetivos vitales) y, de nuevo, bla, bla, bla... El resultado: un cúmulo de blandenguería socializante más próximo al libro de texto que a la ficción narrativa que sólo convencerá a quienes --por edad o por nivel de maduración-- creen que es posible manejarse en el mundo a base de autenticidad y simplicidad.

http://sesiondiscontinua.blogspot.com/2010/09/puro-impacto-karate-kid.html
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