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miércoles, 30 de julio de 2008

Drama veloz (Margot y la boda)

La primera razón que hizo que me fijara en Margot y la boda (2007) es que su director y guionista --Noah Baumbach-- coescribió el guión de Life aquatic (2004) y colabora habitualmente en The New Yorker. No es que la película de Wes Anderson sea de mis favoritas pero su toque surreal y socarrón me gustaron, así que la cosa pintaba bien. La segunda que la protagonizaba Nicole Kidman, que tampoco es mi actriz preferida pero desde Dogville (2003) escaló bastantes puestos en en mi ranking personal de fetiches cinematográficos. Y además, si uno repasa su filmografía --salvo las inevitables cagadas y pasteladas-- está bastante completita y se nota que al menos tiene buen ojo para elegir.

"Una boda es una cosa seria" decía Michael Donovan/John Wayne en La taberna del irlandés (1963), pero también es un acontecimiento ideal para vertebrar una película: permite situar los personajes y establecer fácilmente afinidades y enfrentamientos, así como proponer dilemas y plazos cuyos límites vienen dados de forma ajena y natural al argumento que el espectador, por lo demás, conoce de antemano (¿quién no ha estado en una boda?). Margot y la boda aprovecha (aparentemente) una boda para retratar el ambiente de esas familias acaudaladas de la Costa Este de los EE UU cuyos hijos --tres en este caso: Margot (Kidman), Pauline (Jason Leigh) y un tercer hermano gay que tiene un hijo autista-- han crecido en un ambiente cultural rico, han disfrutado de una importante desinhibición sexual desde muy temprana edad, han sobrevivido --cómo no-- a una complicada relación con su padre y, para colmo, a la conversión de su madre al lesbianismo tras el consabido divorcio. Todo muy al estilo Henry Miller de Sexus (1949). Aun así, debo advertir que se trata de información anecdótica, el contexto en el que se desarrollan unos acontecimientos mucho más domésticos, aunque cargados de intención y puntuados por una serie de imágenes o situaciones muy bien incrustadas que expresan más de lo que significan por sí mismas (adelanto una: la rata muerta en el fondo de la piscina, el resto es cosa tuya).



Margot, tras un tiempo sin contacto alguno con su hermana Pauline, se entera de su inmimente boda con un aspirante a artista fracasado y ni corta ni perezosa se presenta en su casa acompañada de su hijo adolescente. Para acabar de enredar la cosa, Pauline tiene también una hija adolescente de una relación anterior, en el vecindario vive un ex-rollo de Margot --el policía irlandés que se tira Miranda en un episodio de Sexo en Nueva York, si no lo digo reviento-- cuya hija hace de canguro y algo más para la familia, el marido de Margot (breve pero magnífico Turturro) que se presenta sin avisar para salvar su matrimonio y, por último, unos vecinos con un estilo de vida claramente inspirado por Charles Manson. Todo este enredo que he procurado resumir con brevedad y concisión para no fastidiar a quien quiera ir a verla, cuesta horrores encajarlo adecuadamente como espectador, porque la película está contada a una velocidad endiablada, en rigurosos primeros planos cámara en mano y con un montaje acelerado que entra en materia totalmente de frente contra la corriente. Si a eso añadimos un diálogo incesante a toda pastilla y que la vi subtitulada pues ya os imagináis: fui de culo más de la mitad del tiempo. Básicamente hasta que todos sus psicológicamente perjudicados personajes desvelan sus obsesiones, yo conseguí deducir correctamente el pasado que les une y comprendí que Baumbach no se iba a tomar la molestia de contar la historia al estilo convencional.

A pesar de todo la película me gustó, porque propone una forma diferente de asistir a dramas que de otra forma transmiten la sensación inevitable de déjà vu; también porque, aparte de las miserias que florecen por todos lados, hay momentos para el humor y, finalmente, porque Baumbach, consecuente con todas estas estas rupturas, la termina de manera que no se parezca en nada a lo que el género nos tiene acostumbrados. Filme muy recomendable que ha provocado que ahora quiera ver su premiado anterior largometraje: Una historia de Brooklyn (2005). Ya os contaré.
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