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lunes, 1 de diciembre de 2014

Valor de cine (Baratometrajes 2.0. El futuro del cine hecho en España)

La razón por la que hay gente que hace cine en España con todo en contra (a cambio de nada, sin apenas medios y ante una expectativa de audiencia incierta) es porque ha habido, hay y habrá siempre personas que experimentan una emanación incontenible, más fuerte que todo eso. Por eso, y respondiendo a la pregunta que plantea Baratometrajes 2.0. El futuro del cine hecho en España (2014) el documental de Daniel San Román y Hugo Serra, no es concebible un mundo sin cine (como tampoco lo sería sin literatura, sin música, sin teatro... sin cultura).

La película propone un diagnóstico completo de la actividad cinematográfica española al margen de la gran industria, intercalando las opiniones de una serie de partes interesadas: desde la idea inicial hasta el espectador, pasando por la producción, la financiación, la distribución y las nuevas formas de exhibición. Como consecuencia de los cambios tecnológicos y del desastre financiero en el que llevamos inmersos más de un lustro, se ha ido abriendo paso el baratometraje, un cine de bajo coste realizado con tanta o más competencia técnica y creatividad que el cine subvencionado y producido por terceros.

El baratometraje no es ni un género, ni un formato (aunque tiene tendencia a la brevedad), ni un estilo ni una corriente estética, es una alternativa a la producción y exhibición de la gran industria. Cortometrajes, minimetrajes y largometrajes cuyos autores --la mayoría debutantes-- quieren darse a conocer en el gremio, y por lo tanto no esperan hacerse ricos (eso queda como opción para más adelante, con la fama y los grandes presupuestos) sino dar rienda suelta a su creatividad y aprender durante la experiencia. El baratometraje no es la manera justa, legal y libre de hacer cine, por encima de las demás, porque resulta más auténtica, democrática e igualitaria. Esta puntualización es necesaria, ya que de algunas declaraciones del documental parece desprenderse esta idea, y aunque no se formula nunca de forma tan directa, da la sensación de que existe un plus ideológico que hace preferible el baratometraje como praxis de producción fílmica. Hay muy buen cine producido con derroche y con subvenciones injustas, porque una cosa es cómo se obtiene el dinero y otra el resultado final, el fruto de un esfuerzo personal que, a veces, ofrece buenas dosis de cine.

El baratometraje no es una sólida promesa en el panorama cinematográfico español (y probablemente europeo) gracias a su buenismo ideológico, más bien consiste en una serie de nuevos mecanismos de producción que ha ocupado el espacio que hace décadas (antes de la revolución digital) ocupaba el cortometraje clásico, ese que entonces se proyectaba antes del largometraje. El baratometraje es un medio, no un fin, una puerta de acceso a la gran industria, a determinados circuitos internacionales, a las grandes productoras, a los actores y actrices de primera fila; una especie de meritoriaje de la creatividad que sirve para acumular prestigio, visibilidad y capacidad de negociación.



El baratometraje es una práctica en auge gracias a una conjunción de factores muy diversos, no siempre cinematográficos:

a) Existe una tecnología que, a día de hoy, permite equiparar al cineasta con el escritor, salvando la enorme distancia que existía para plasmar en imágenes un guión escrito. El problema común ahora es la publicación y la exhibición, la creación ya no.

b) Existen numerosas plataformas digitales (cada vez más) donde dar a conocer este cine, al margen de los enquistados circuitos tradicionales, herederos de una industria cinematográfica organizativa y legislativamente obsoleta a la que todavía no le resulta del todo imperioso adaptarse porque aún obtiene beneficios. Y permanecerá así, ocupando casi todo el espacio, mientras los siga obteniendo. Recomiendo una atenta lectura del libro Parásitos de Robert Levine para arrancar de raíz algunos tópicos sobre la piratería y los modelos de negocio de la cultura.

c) Existen personas que tienen algo que contar y se lanzan a ello con valor de cine, jugándose el tipo, su calidad de vida y hasta su futuro.

d) Y por último, y lo más importante, que siempre habrá quien dé en el clavo y acierte con un guión que encaja a la perfección con un hallazgo técnico o de estilo, o descubra un uso divertido, nuevo y/o fascinante de un espacio de rodaje, o destile nuevas mutaciones del plano-secuencia. En definitiva, alguien que haga una película irreprochable que roce la perfección. Son estas piezas las que revolucionan el género, lo ponen de moda, ganan premios, consiguen que los medios tradicionales hablen de ellas, atraen nuevos espectadores y sitúan en el mapa a sus creadores. Por eso, cuantos más baratometrajes se hagan, más posibilidades habrá de que exista una alternativa al cine comercial de los grandes circuitos.

Pero por muchos y buenos baratometrajes que se rueden y que triunfen, nunca habrá dinero y/o recursos para los que empiezan o carecen de un nombre en el mundo del cine; lo importante es que están contribuyendo a levantar estructuras e iniciativas que --con el tiempo-- pueden hacer sombra a ese cine comercial que sólo busca el rendimiento. El último tercio del documental, el dedicado la exhibición alternativa y a la (re)captación del público, es el más interesante, ya que incide directamente en el futuro y la viabilidad de un sector económico y cultural. Salas alternativas como Zumzeig, Artistic Metropol o Cineciutat, posibilidades como el micromecenazgo, iniciativas como Cine en Ruta o certámenes de óperas primas como Visual. Cine novisimo son el fruto de todo este esfuerzo en baratometrajes compilado por San Román y Serra. A las películas, como siempre, será el tiempo quien las ponga en su sitio, como mucho algunos títulos quedarán asociados a esta eclosión inicial: Esperando septiembre (2010), Carmina o revienta (2012), El cosmonauta (2013).

Baratometrajes 2.0. El futuro del cine hecho en España no es una autopsia sobre el cine que se rueda en España, porque eso implica que tenemos un cadáver sobre la mesa, más bien una inmersión (que sugiere vastedad, diversidad y profundidad), una especie de anuario de esta nueva off-industria, montada con dinamismo. Un documental completo, a veces reiterativo, con desvíos innecesarios (como el apartado dedicado a las subvenciones), pero siempre apasionado, optimista, como todos los que aparecen en ella exponiendo sus planes y experiencias.




http://sesiondiscontinua.blogspot.com.es/2014/12/valor-de-cine-baratometrajes-20-el.html

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