Los premios de la Academia estadounidense vienen variados: los principales aspirantes son filmes de géneros y estilos muy diferentes, ambientados en realidades más o menos candentes, coyunturales o universales, quizá más que en otras ediciones recientes. La que finalmente resulte ganadora dejará entrever por dónde se mueve la conservadora industria de Hollywood en estos tiempos convulsos. Una batalla tras otra --del últimamente sobrevalorado Paul Thomas Anderson-- cabe esperar la convalidación de la estrategia de tomarse la justicia por la mano, confundiendo la defensa propia con una agresividad; mientras que Los pecadores se presenta como la excusa perfecta para mostrar a negros levantándose en armas contra los blancos en un tiempo pasado donde eso no sucedió o era poco probable que llegara a pasar, pero esas imágenes anacrónicas gustan mucho hoy día, precisamente cuando hemos encontrado el gusto a fabricar cualquier imagen. Puede que se venda como instrumento de empoderamiento para los descendientes, quizá la típica gamberrada cinematográfica, aunque el sentimiento de revancha es difícil de disimular.
La bergmaniana Valor sentimental escarba en las miserias de las familias dedicadas a la creación, una historia que se sacude sin complejos la habitual pedantería temática y de estilo de este microgénero y consigue no dejar indiferentes a las audiencias. Conmoviendo, aunque sin llegar a fascinar. Eso sí, en esto de conmover Hamnet de Clhoé Zhao tiene todas las de ganar si realmente la apuesta es por los sentimientos a flor de piel y la humanización de un autor y un texto considerados como el paradigma del teatro filosófico. Y por último el filme que más busca encajar en el prototipo de producto de Hollywood: Marty supreme: apología de la perseverancia y el olfato para los negocios (otra gran historia de emprendimiento y persecución de un sueño made in America). Hay donde elegir.
Y luego están esos títulos internacionales que tratan de culminar una carrera comercial o ampliar su visibilidad: empezando por las dos nominaciones de Sirât, la devastadora La voz de Hind, la interesantísima El agente secreto, la sarcásticamente tierna Blue moon o difícilmente clasificable Un simple accidente. Y por último, esos títulos que compiten en un único apartado pero que valen la pena por más de uno: Si pudiera, te daría una patada, Weapons (La hora de la desaparición)
Y bueno, así vamos pasando la vida, señora jueza: que la coyuntura política y sentimental de cada cual no empañen las ganas de disfrutar viendo, criticando, debatiendo y... votando nuestras películas favoritas. En todas las categorías, por diversión o por simples ganas de demostrar olfato para calar al gremio cinematográfico cuasi-planetario. Buena suerte a tod@s!!!
