Qué lastima, pero adiós (El día de la revelación)

"El día de la revelación" (2026) podría convertirse en el último clavo en el ataúd del cine que inició su ciclo de dominación en los ochenta.
Es casi una ley termodinámica aplicada al arte: los estilos, los recursos, los hallazgos, los temas, todo tiene un ciclo de vida hecho de innovación, consolidación, apogeo y decadencia. Es así como se organizan y se escriben los libros de historia del arte. Y del cine también. El día de la revelación (2026) de Steven Spielberg es la película elegida para marcar el ocaso definitivo de unos cuantos ciclos que brillaron como pocos: para empezar el del propio director, que encandiló al mundo durante varias décadas con su inteligente versión de alumno aplicado del suspense, el cine de aventuras y el subgénero adolescente, todo bien mezcladito; una combinación inédita que ha moldeado el imaginario de los que vivieron su infancia en los ochenta, su juventud en los noventa y también la de sus descendientes (por redescubrimiento obligado). Además, para unos pocos cineastas escogidos, sirvió de inspiración para reivindicar un legado al que supieron darle una vuelta de tuerca para seguir fabricando taquillazos durante el siglo XXI.

Creían los Bayona, Abrams, Jackson y compañía que sus películas eran un simple homenaje y/o una recreación; pues no, eran la actualización de una narrativa tremendamente eficaz y adictiva. Y por eso la siguiente generación será la que notará el golpe, porque ya ha comenzado a eclipsarles la siguiente, la que les apartará del foco. Porque apenas quedan rescoldos de la fascinación que despertaron filmes como Tiburón (1975), La guerra de las galaxias (1977), En busca del arca perdida (1981), Regreso al futuro (1985), Los Goonies (1985); títulos que sobreviven el el trastero mental de niños y adolescentes en el momento de su estreno, hoy mutados --mayoritariamente-- en nostálgicos, frikis y unos pocos apóstatas que se han convertido en incondicionales del cine actual sin saber que bebe de las mismas fuentes que ahora reniegan.


El día de la revelación utiliza el mismo tratamiento para un argumento que ya sirvió a Spielberg para convertirse en una celebridad: Encuentros en la tercera fase (1977), un guión endeble y repleto de lagunas e inconsistencias con un tratamiento visual tan impecable que lo transformaba en un peliculón. Recuerdo verla fascinado la primera vez en el cine y, tres décadas después, quedar deslumbrado ante mi miopía debido a la gran cantidad de excesos y defectos. Comprendo que es ley de vida, aun así, estoy dispuesto a defender ahora y siempre su forma de tensionar las escenas. Es cierto que hoy en día esa combinación de planos, fotografía, efecto y banda sonora son un cliché fácilmente anticipable, pero entonces fueron empleados con una nueva intensidad por primera vez. Un mérito que, en su contexto, permanece inalterado.

Me sorprende que Spielberg, con toda su experiencia y evolución como cineasta, todavía se haya dejado obnubilar de la misma forma por el tema alienígena. Ahora ha tenido financiación, un buen guionista --David Koepp-- y toda la tecnología existente a su servicio, pero no ha ido más allá del mismo bicho extraterrestre, la misma coordinada obsesión entre seres desconocidos, la lucha de agencias malvadas por impedir que el mundo conozca un secreto tan bien guardado... Y también la misma iluminación en las escenas clave, los mismos travellings laterales que asustan o revelan nuevos detalles de la historia, las mismas persecuciones, los mismos giros... No hay nada, ni siquiera cuando aún no sabemos cómo va a plantear la historia durante los primeros diez minutos, que parezca nuevo o al menos más elaborado que aquel taquillazo setentero, un esbozo genial de las intuiciones de un joven cineasta dotado como pocos para la narración audiovisual.

Por un azar no previsto ni intuido, El día de la revelación; podría considerarse el último clavo en el ataúd de un cine que Spielberg levantó como marca de autor y como negocio junto con George Lucas, y que en 2026 ya lo ha dado todo. Es hora de dejar sitio en las pantallas para ideas y gente nueva, y disfrutar de un merecidísimo retiro dorado en filmotecas, ciclos, lecturas, cursos, libros y toda clase de homenajes de la cultura popular. En el El territorio del cine (2003) tenemos un nuevo continente cartografiado; pero debemos seguir explorando, porque todavía quedan tierras por descubrir. El cine según Spielberg alimentará nuestra nostalgia, servirá como legado, pero difícilmente de hoja de ruta para los nuevos caminos abiertos por Jordan Peele, Céline Sciamma, Mike Flanagan, Alice Rohrwacher, Robert Eggers, Shih-Ching Tsou, Kane Parsons, Mia Hansen Løve... Gracias a tod@s por los buenos ratos presentes y futuros y, al señor Spielberg, como dice la canción, que lástima, pero adiós.

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