domingo, 5 de abril de 2026

Cuidadosamente diseñado descenso a los infiernos (Si pudiera, te daría una patada)

El título ya es todo un posicionamiento, una declaración acerca de lo que estamos a punto de contemplar: una historia firmemente anclada en el punto de vista de Linda (interpretada por una gran Rose Byrne, una de las nominadas este año a mejor interpretación femenina protagonista), una madre desbordada por la letal intersección de tres colapsos simultáneos de los principales sistemas que nos proporcionan estabilidad, ayuda y consuelo: la familia, el estado del bienestar y ese insoportable discurso terapéutico que se ha hecho fuerte en prácticamente todos los discursos sobre la identidad personal, la sensibilidad y las relaciones (románticas, laborales, sociales...), transformando cualquier experiencia en un sofisma performativo. La patada se la daría a todos ellos, no a su hija, que quede claro.

Segundo largometraje de la actriz, guionista y directora Mary Bronstein, en el que el exceso es la pauta predominante de todos los elementos, empezando por el título original, mucho más explícito que la traducción para el estreno en España: si tuviera piernas, te patearía. Y es que las películas de denuncia o crítica empoderante hace tiempo que extreman el sufrimiento para dejar muy claro su mensaje, pero también para conmover a las audiencias con un drama a la altura. Todo vale para mantener nuestra atención, una materia prima escasa y muy valiosa en estos tiempos. El guión no es que sea malo, ni inexacto ni disparatado, es que simplemente está al servicio de las calamidades de Linda: a la debacle de sus protecciones vitales se suma un incidente sobrevenido que obliga a madre e hija a abandonar su casa. El primer escalón de un descenso a los infiernos cuidadosamente exhibido.


Todo narrado con un contundente despliegue de recursos a la altura: el punto de vista no abandona ni un minuto a Linda (a su hija no le veremos el rostro en ningún momento ni sabremos exactamente qué le pasa, porque su enfermedad no es causa, sino consecuencia de todo lo que debe soportar su madre), y luego y unos secundarios que compiten entre sí en incompetencia e insensibilidad a la hora de afrontar o responder a las demandas de ayuda de tan desesperada mujer. Un compañero terapeuta, que no la escucha; una de sus pacientes de Linda, obsesionada por no poder ofrecer a su bebé una absoluta e irreal garantía de crianza segura y para colmo la doctora de su hija (interpretada por la propia Bronstein) que personifica la deliberada incompetencia de los seguros privados, así como la descomunal torpeza de sus discursos y terapias a la hora de ayudar y reconfortar a los pacientes.

Un filme que llama la atención, que indigna por su crítica valiente pero que anticipa descaradamente, sobre la bocina y de cualquier manera un desenlace esperanzador. Pero como resulta conmovedor y comercialmente impactante, pues recibe mucha más atención de la que merece.