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lunes, 1 de febrero de 2010

Perversiones del ideal absoluto (La cinta blanca)

La culpa de todo la tuvo el charlatán de Hegel, que aseguró que el Espíritu Absoluto podía encarnarse en fenómeno histórico. La idea coló en la convulsa sociedad alemana de su tiempo, y los fascismos tomaron sus postulados al pie de la letra para convencer al personal de que los sistemas políticos también podían aspirar a la pureza y la perfección. El resultado: dos guerras mundiales y varias revoluciones obreras abortadas a sangre y fuego por acojonadas elites económicas. Eso no impide que Hegel sea para muchos sesudos y respetados filósofos contemporáneos el centro de sus reflexiones, y que en los temarios escolares de filosofía se le mantenga y se le analice con toda la seriedad del mundo. Al otro lado del cuadrilátero, Karl Marx, un hombre que se pasó años estudiando el pensamiento hegeliano para poder ridiculizarlo y evidenciar sus flagrantes carencias lógicas, no llegó a ver cómo sus discípulos quisieron llevar a la práctica su teoría de la historia con triunfo de la clase obrera y acceso al paraíso social incluidos. El balance también es bastante desastroso: colapso económico en decenas de países, millones de víctimas condenadas o ejecutadas por motivos ideológicos y un enorme fiasco político materializado --tras décadas de negacionismo interno y ceguera externa-- en 1989. Marx se ha quedado fuera de los temarios de la selectividad, pero, a diferencia de Hegel, ensayistas, historiadores, políticos y filósofos pasan de puntillas sobre sus escritos por temor a ser acusados de nostálgicos.



La cinta blanca (2009) es una obra madura y de madurez que disecciona, a partir de una serie acontecimientos y actitudes cotidianas, el sustrato ideológico-social de Alemania a las puertas de su entrada en la Primera Guerra Mundial. Un entorno agobiantemente pietista, unido a una obsesión racionalista por la rectitud y la bondad, acaban dando lugar a una juventud insensible al dolor y al sufrimiento ajenos, a una sociedad esquizoide en la que, bajo la apariencia de comunidad local bien cohesionada, se combate con violencia a quienes no encajan en un modelo social que perpetúa la desigualdad. La diferencia con la mayoría de filmes sobre el tema es que esta última parte del razonamiento debe recorrerla el espectador por sí mismo; Michael Haneke no lo ofrece troceado, rebozado y listo para consumir, ni pretende transmitir su propio punto de vista ético, ni ilustrar un momento del pasado a través de la clásica historia de amor, sino que espera colaboración activa al otro lado de la pantalla.

Como obra de arte, el filme nos devuelve la esperanza de un cine complejo, no necesariamente lastrado por una dramatización basada en arquetipos humanos: en primer lugar la filmación en blanco y negro, una elección que limpia la sala de espectadores con complejos; en segundo lugar, el modo de situar la cámara: siempre fija en cada escena, posibilitada para girar sobre sí misma pero no para seguir a los personajes en sus desplazamientos, como si por norma el punto de vista tuviese que definirse de antemano y no pudiera variar en función del desarrollo dramático. La fascinación por las imágenes de esta cámara autolimitada elimina la tentación de intercalar primeros planos de los actores, una costumbre o manía que suele quebrar la composición del plano medio (el campesino con su esposa recién muerta, cuando Martin --uno de los niños protagonistas-- va a buscar la vara con la que será azotado, el hijo del administrador que sabe que su padre viene a castigarle con brutalidad y aun así simula que está haciendo los deberes...). Coincidencias y similitudes que evocan indudablemente algunas obras mayores de Dreyer y Bergman, vinculando el filme de Haneke a esa prestigiosa tradición de cine nórdico hecho de estancias austeras, silencios significativos y diálogos solemnes. La diferencia crucial es que en La cinta blanca no se da esa (a veces buscada) opacidad argumental, ni esa sobrecarga simbólica, sino que todo lo llena una narración amena y ágil en riguroso estilo directo.

La narración posee la suficiente habilidad como para sugerir una serie de ideas complejas mediante un relato lineal, sin necesidad de exagerar dramáticamente ciertos momentos de ni de reforzar la significación en determinadas escenas clave; la historia apenas contiene dos o tres concesiones a la ficción. Incluso desde un punto de vista histórico resulta convincente su recreación de la vida de un pueblecito alemán a principios del siglo XX: el enorme poder que todavía conservaban los caciques locales, y las rígidas jerarquías sociales que eso implicaba; la inexistencia de una clase media (el médico, el maestro, son seres aislados de la pirámide social), el tratamiento verosímil y nada romántico de los noviazgos... Aspectos que mejoran gracias a las interpretaciones de los actores (contenidas, sin los habituales tics dramáticos), que contribuyen a la verosimilitud del relato. Filmes como estos sólo se ruedan en la cima de la popularidad --como le pasó a Spielberg con La lista de Schindler (1993)-- o en plena madurez artística, como le ha sucedido ahora a Haneke (con la eficaz y notoria colaboración de Jean-Claude Carrière en la dramatización del guión). Un filme que debe enorgullecer al cine alemán y, por extensión, al europeo.

Hace poco volvía a mencionar esa especie de maldición que Gimferrer lanzó sin saberlo a la narración cinematográfica, acusándola de permanecer anclada al decimonónico estilo dickensiano; por fortuna esta vez hemos topado con un título que estrecha el enorme abismo que se abre entre las vanguardias literaria y cinematográfica. No exagero cuando afirmo que La cinta blanca se puede equiparar en muchos aspectos a las fascinantes ficciones de José Saramago. El cine acumula un retraso de casi un siglo, así que ya va siendo hora de ponerse al día.

http://sesiondiscontinua.blogspot.com/2010/02/perversiones-del-ideal-absoluto-la.html

13 comentarios:

El Cinéfago dijo...

Fabulosa crítica, llena de multitud de referencias literarias, políticas, filosóficas... Un lujo leer un escrito así. No estoy tan instruido como tú en esos temas, así que mi valoración es más cinematográfica que cualquier otra cosa (bueno, historia sí que sé, que si no no habría captado ni la mitad de lo que pretende transmitir la película).

Haneke ha sido para mí siempre un director difícil, que hace un cine nada complaciente con el espectador. No le da lo que quiere, y en La cinta blanca vuelve a hacerlo. Sin embargo, y aunque por su pulcro blanco y negro pueda tirar para atrás a priori, ha sido de las más llevaderas de su filmografía, descontando Funny Games. Una serie de situaciones apartemente inconexas, aisladas, pero que al final perfilan lo que serían los hijos del mañana. La semilla de rencor en una pequeña aldea alemana. Una gran película que algome dice será objeto de estudio con el paso de los años (ya lo es, pero con los años lo será más). El problema es que puede ser algo lenta. No se toma prisa Haneke en contar los hechos, sino que todo lo hace pausadamente. Pero una vez llegas al final captas la valía de toda la obra. Me sigo quedando con Funny Games, pero estamos ante otra joya de su director.

babel dijo...

Creo que en dos cosas coincidimos: la incuestionable calidad de la película y que Haneke hábilmente retrata, insinua unas circunstancias, consecuencias y... deja al espectador que saque sus propias conclusiones. Siempre lo hace y aquí nos tienes a todos debatiendo sobre el origen del fascismo y la intencionalidad del director. Genial, no?

Respecto a tu crítica de la película, me parece simplemente excelente, y Haneke nunca es fácil de diseccionar.

Pd: Digo de la película, porque en otro orden de cosas: ¿Hegel?. Sin entrar en el calificativo de la primera línea del artículo, o de la improbable ridiculización de sus teorias por Marx a fuerza de dejarse la juventud en ello o algo parecido, pregunta sesuda: ¿Qué leches tiene que ver la Dialéctica con el nazismo?

Sesión discontinua dijo...

cinéfago: gracias por tu comentario. estoy de acuerdo en que la importancia de la película crecerá con el tiempo, aunque lo que más me sorprende es la rapidez y la unanimidad de la crítica. Ahor quiero ver la que ganó en Sitges ("71 fragmentos de una cronología al azar"), un título que fascina de entrada......


Nos leemos!!!!!

Sesión discontinua dijo...

babel: gracias también por tu comentario. Entre personas que están de acuerdo en algo, de entrada, es difícil que haya divergencias, pero me alegro de que me hagas essa pregunta sesuda, la cual intentaré responder.

Hegel estaba convencido de que la perfectibilidad no era una idea inmaterial, sino que podía ser llevada a la práctica en instituciones humanas (de hecho creía que la cultura germánica era una de esas encarnaciones). No fueron pocos los ideólogos nazis (y otros que tuvieron peso en la cultura alemana de la época) los que hicieron suya esta idea, como Nietzsche, incluyendo al mismo Heidegger.

Ese convencimiento tan irreal, tan absurdo, de que era posible dar con la perfección en política, en un diseño social, que por cierto Marx destrozó en sus escritos de juventud, es el otro caldo de cultuvi que dio con el desastre del nazismo (el otro ingrediente lo describe muy bien la película de Haneke.

Y sí, me reafirmo: Hegel es un charlatán que no tenía ni p**a idea de lo que decía. Sus textos (coge cualquier edición o antología) son una patochada sin pies ni cabeza cuando habla de lo absoluto y sus ínfulas de culminación germánica del pensamiento. O coge "La sociedad abierta y sus enemigos" de Popper y verás el repaso altrargumentado que le pega a Hegel (y de paso a Platón, otro precursor del nazismo).

¿La dialéctica? Un mero formulismo lógico que ni Hegel ni Marx supieron sacudirse. Un esquema perfecto, tan obvio como poco práctico....

Por supuesto, es mi opinión, y eso no significa que otros piensen diferente y crean que sus argumentos son los adecuados. Sólo pongo pasión en mis comentarios.

Nos leemos!!!!

Pablo Hernández dijo...

Simplemente decirte que me ha encantado leerte. La película es genial y respecto a lo que dices me parece todo acertado. A mi, personalmente lo que más me gustó fue ese "montaje abierto" del que hablas diciendo "espera colaboración activa al otro lado de la pantalla". Me ha encantado esa forma de narrar la historia. Ah, también me ha gustado eso de que con la fotografía byn ya conseguía limpiar la sala de espectadores con complejos jeje. Es muy muy buena, unos movimientos de cámara muy meditados como dices.
Acerca de "Funny Games" que habeis comentado decir que también me gusta, consigue mantener al espectador atrapado en todo momento, pero me parece más simple, personalmente me gusta más "La cinta blanca".
Interesante la información sobre Hegel y Marx, no me meto.
Un saludo!

babel dijo...

Uy! Sería un largo el debate este... Pero si me permites, un par de cosas:
-Hegel formula la teoría del espñiritu absoluto dos siglos antes, partiendo de la experiencia de la Revolución Francesa y en un estado feudal; su carácter es humanista y no es trasladable.
-No me vale en filosofía el argumento de quién y para qué utilizó una teoría a la hora de justificar políticamente algo. Sí quién se sustenta en ellas para aplicarlas o desarrollarlas. A Nietzsche, ya que lo nombras, también se le atribuyen paternidades políticas que nada tienen que ver con su pensamiento, aunque éste no es santo de mi devoción.
- Marx basa sus teorías económicas (materialismo dialéctico) e históricas (mat. histórico) en los principios filosóficos hegelianos, esto es, la dialéctica. Si otros la abanderaron para darle la vuelta cual calcetín en su justificación racional, pues no es el primer caso ni seguramente el último. Eso no implica necesariamente que así sea.

Si quieres, Hobbes y su mat. mecanicista le va más al Reich y eso, como yo lo veo, claro

Lo de Platón... lo dejo que si no me enrollo, je,je.

Saludos y larga vida a Aristóteles! (Bueno, a su teoría, claro)

Sesión discontinua dijo...

babel: sí que seria largo, asi que no entraremos en polémicas, sobre todo teniendo en cuenta que en lo fundamental estamos de acuerdo. Baste quedarnos con eso y obviar que Hegel a ti te merece una opinión y a mi otra. Y por supuesto, tienes razon al decir que los responsables del mal uso de las ideas de Hegel son quienes las manipularon años después; lo cual no quita para que las ideas mismas de Hegel me parezcan absurdas....

Platon, Marx y Hobbes lo dejaremos para otra ocasión.

quedémonos con los acuerdos cinematográficos.

besitos mil!!!!

Sesión discontinua dijo...

pablo: no rehuyas el debate y mete baza si quieres, que para eso son los comentarios!!!!

No he visto Funny games, pero ya está en mi lista de peliculas que tengo que ver.

nos leemos!!!!

LAPOR dijo...

holaaaaa. buneo veo que llego tarde o cuando ya está la polémica servida y comida.
anyway, lo primero: me alegro prque creo que nunca hemos coincidido tanto en nuestra una opinión con una peli, la asociación a dreyer -quizá más obvia-y a bergman ha sido inmediata y a la par!!! (por otro lado, como amantes del buen cine eso no se nos podía escapar,no? jeje) el caso es que yo no la he interpretado, ni siquiera cuando la vi con ese enfoque histórico e ideológico acusador, porque inconscientemente entiendo que haneke habla de demasiadas cosas y que toda pista es el fondo falsa..! por supuesto su historia podñria se le detonnate nauciador de una posterior guerra, de una masacre pero respecto al debate que tienes con Babel -hola! ya te leeré tmb- en el que reconozo que me pierdo, sin duda la peli lo que sí pone en marcha es el engranaje mental de cada uno de nosotros (que siempre tiene un "molde) y nos hace pensar a la velocidad del rayo, por eso es uno de los grandes
besos!!!!

Sesión discontinua dijo...

lapor: nooooooooooo, no llegas tarde, llegas a tiempo de recordarnos a babel y a mí que eres el pegamento que mantiene unida esta tríada de cinéfilos virtuales que formamos!!!! Tú nos devuelves al planeta tierra y nos recuerdas que a los 3 nos encanta la cinta blanca y Dreyer.....

Besitos mil!!!!!!!

LAPOR dijo...

jaja, es verdad sois mis padrinos y yo la ahijada que no quiero que se peleen, jeje. triada!!!!!
en serio, los debates en los comentarios son d un valor d mucho cuidado, claro valor añadido al post. en cuestión; sin ellos parece que se queda insulso, a la gente a veces no se le ocurre por dónde entrar/contratacar...
puede que sí sea la mejor. por cierto, ni idea de cómo sería en color... muchos besos!!!!

Casandra dijo...

Qué curioso: cuando ví "La cinta blanca", pensé en "Diario de una camarera" de Buñuel, que se sitúa en una época similar, pero es otro país, otra realidad. No sabía que Jean-Claude Carriere había colaaborado en ésta y es posible que de allí venga el parecido: Carriére es el guionista de los dos films (y hasta interpreta a un sacerdote en la de Buñuel)

Sesión discontinua dijo...

casandra: pues es más que probable. lo cierto es que carrière es un guionista que da un toque de solidez a los argumentos. al menos esa es mi impresión. Al acordarte de la película de Buñuel has demostrado que tu intuición estaba fundamentada.

Nos leemos!!!

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